lunes, 22 de diciembre de 2014

Sorpresas.



Entonces él irrumpió en mi vida, nuevamente. Volvió a llegar por décima cuarta vez un domingo soleado y caluroso mientras yo cocinaba la que es una de sus comidas preferidas: pastas a la carbonara. Sin esperarlo, sin quererlo y sin pensarlo, por sorpresa del destino, como siempre.

Sentado en una silla, yo le daba la espalda mientras picaba y preparaba. Podía sentir sus ojos sobre mi, y me hablaba y se callaba, volteaba y entonces me miraba así, sólo como él sabe hacerlo. Con su mirada descarada y pícara; y yo sin dudarlo, volteaba y le sonreía ladeado, así como sólo yo sé hacerlo, juguetona y coqueta. Y le brillaban los ojos, seguía siendo el mismo que me había despedido en el aeropuerto antes de mi viaje, seguía mirándome así y seguía temblando así mismo, como cuando nos vimos después de cinco años este enero, como cuándo nos volvimos a ver aquel verano después de un año y medio sin haber estado juntos, como cuándo éramos niños y me dio mi primer beso, nuestro primer beso. Ése era nuestro tercer encuentro después de un largo tiempo, ocho meses, parecido al segundo, pero ésta vez más natural.

Él acababa de llegar de un viaje de más de 10 horas desde Madrid, fue recibido, llegó a la que por muchos años fue a su casa, se instaló y no esperó un día más, y no aguantó un segundo más sin venir a mi casa a las casi diez de la noche ese mismo día, a buscarme nuevamente después de cinco años.

Yo no lo esperaba, no me lo imaginaba. Estaba empacando para irme de viaje por cinco días con mis amigos, y él llega de nuevo a mi vida, así de esa forma, de sorpresa.

Entonces salí de mi habitación y lo vi de pie en la sala, me sentí paralizada. Cuando me vio sonrió con pena y nervios, yo lo toqué y temblaba, y tenía su piel blanca, más blanca que nunca por el invierno, fría. Mi corazón se aceleró y lo seguía tocando porque no lo podía creer. Nos abrazamos, fue extraño, no sabíamos como actuar, nos miramos y sonreímos tímidamente, entonces nos volvimos a abrazar y esta vez se sintió más real, más cierto, más lindo.

Y hablamos, hablamos hasta las dos de la mañana, a él sin importarle las más de veinticuatro horas que llevaba sin dormir sumándole su viaje largo, y a mi sin importarme que sólo dormiría dos horas. Y nos dijimos todo lo que no nos habíamos dicho en muchos años. Pude ver en esos ojos color miel que siempre me habían encantado, que seguía enamorado de mi, mientras que yo me negaba a aceptar lo que estaba sintiendo dentro de mi; pero estaba feliz, no dejábamos de mirarnos, de sonreír.

Entonces me volvió a besar después de hablar dos, tres o cuatro horas seguidas, y me hacía las mismas bromas pesadas de siempre, y le brillaban los ojos y me decía que me quería, que me había extrañado, que jamás me había olvidado, pero yo estaba fría y congelada, reprimiendo emociones, ocultando sentimientos, guardándolos para mi misma, no quería ser débil nuevamente, no quería demostrárselo el día éste de nuestro segundo encuentro, no era el momento, algo no me dejaba perdonarlo, algo no me dejaba entregarme a él nuevamente, algo me había arrancado de sus brazos, no me sentía de él, no quería que fuera así pero al final, terminé cediendo... (Leer Un mes )

Después de los siete meses sin vernos nos besamos tanto desde que mi viaje a Brazil nos había separado. Luego nos seguimos viendo y contaba las horas para volverlo a besar, en mi mente era un "no pasará nada", "mientras tanto", "vamos a ver que sucede"... Pobre tonta. Lo amaba.

Y en esos días hablábamos de todo, su seguridad de que volveríamos a estar juntos, hoy o mañana,

- No importa lo que pase hoy ni mañana, tu te vas a casar conmigo.

- Iluso - fue siempre mi respuesta.
Ilusa yo por ser terca, por no dejar decidir al corazón y no aceptarlo, porque al final lo que el corazón decide es lo que realmente vale.
Ahora ya no es sorpresa que siempre llegue de sorpresa, porque todos los días me sorprende con sus pequeños detalles, sus atenciones y sus regalos intangibles que para mi son los más importantes, las cenas y los desayunos sorpresas, las notas con los chocolates, irme a buscar de sorpresa al trabajo, esperar que llegue e incluso sus besos, abrazos, ocurrencias, canciones... Ahora no dudo ni un segundo que lo que ha de ser será, por esto y mucho más, no sospecho que nuestros corazones se unieron y así permanecieron por mucho tiempo, nunca hubo un año en el que no habláramos, nunca pasaron más de seis meses sin que nos dijéramos te amo, él siempre estuvo en mi, y al parecer, esa llama siempre permaneció encendida en silencio esperando a que el tiempo pasara, a que volviéramos a encontrar el camino de vuelta a casa, juntos donde correspondemos, llenos y envueltos en nuestro amor, porque aunque muchas veces pensamos que lo habíamos olvidado, en realidad siempre lo llevábamos marcado.

Y hoy puedo decir que se cumplió lo que él tanto me repetía y yo me negaba a aceptar, lo que tanto me prometía y por lo que tanto luchó... "Yo te voy a hacer feliz", "Déjame que te haga feliz", "Tu y yo seremos felices juntos", y si, hoy soy feliz, somos felices, y ruego al cielo porque esto nunca acabe.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Nostalgia.


La nostalgia regresa y llena el alma, invade los sentimientos y alimenta los recuerdos.
Para hacerte acordar de todo, para hacer que no olvides nada, para hacerte saber que volverá de vez en cuando y que existen las sombras y secuelas de algo que una vez existió: un lugar, una experiencia, una persona en tu corazón, una sensación, un sentimiento, un pensamiento, un anhelo, unos besos, un olor, un sabor...

La nostalgia viene a visitar cuando menos lo esperas acompañada de la melancolía, de una sonrisa o de una lágrima. Siempre regresa y logra que revivas en tu mente los pasos que alguna vez diste o que alguien más dio contigo, las huellas que marcaste o que alguien más marcó en ti. El tiempo que alguna vez creíste que era el mejor o el peor, en fin, lo que eras, lo que fue.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Saudade...


E como sempre, a saudade volta e fica. 
Fica como o sol no universo, como a lua na noite e como as estrelas na via láctea. 
A saudade volta e enche a alma, invade os sentimentos e alimenta as lembranças, 
Leva para passear a nostalgia e te leva longe do chão, 
Faz que as lágrimas visitem as bochechas e que os olhos se fechem para não esquecer nada,
Para te fazer lembrar de tudo, para senti-la e abraça-la, 
Porque embora possa ser reconhecida, a saudade poucas vezes pode ser resolvida. 


sábado, 4 de octubre de 2014

The Castle


Tenía que hacer muchas cosas esa tarde, había salido de la universidad, tomado mi carro y hacer lo que uno llama "vueltas". Pero sin embargo entre tantas cosas que debía hacer, me quedó un tiempo libre inesperado, un tiempo libre que no quería. Dos o tres horas en las que no sabía que hacer. Supuestamente debería ir con mi mejor amiga esa loca tierna que siempre me escucha a aquel lugar que tanto amo. Pero yo no quería ver a nadie, quería ser egoísta, quería estar a solas conmigo. Me sentía estresada, amargada, triste, no sabía que tenía. Yo debía relajarme y perderme entre mis pensamientos, debía cerrar los ojos y no escuchar ninguna voz. Sólo la del mar.




Entonces tomé dirección hacia ese castillo pequeño, amarillo que tiene la virtud de tener una vista perfecta. Manejé por media hora. Solamente quería quitarme los zapatos, tocar la arena y la grama con mis pies y tirarme en ella para luego mirar al cielo y esperar el atardecer.

Nunca había ido sola, muchas veces quise hacerlo pero nunca tuve la valentía. Es que la soledad es algo a lo que todos le temen, pero la soledad también cura y libera. La soledad no significa estar sin nadie, significa estar sólo con uno mismo. Se necesita estar solo para saber estar acompañado.

- Señorita hacia dónde se dirige?- me preguntó el vigilante. Acaso no era obvio que estaba entrando al Castillo de Salgar? Señor, acaso hay otro lugar al cual ir después de pasar esta entrada?, pensé.

- Al castillo, sólo quiero verlo - le respondí intentando ser amable

- Está cerrado, los restaurantes también. De dónde vienes? No lo conoces? - me indagó, quizás para dejarme entrar, quizás porque mi acento que suena mezclado y extraño cuando hablo educado le confundió, quizás porque se preguntaba porque habría de ir a ese lugar sola.

- No, no lo conozco, déjame entrar por fa - le dije mintiéndole. Ya perdí la cuenta de cuántas veces he ido.

En un gesto amable y con una sonrisa me dejó pasar.

- Trata de no demorarte mucho, máximo hasta las siete. - me advirtió. Yo asentí y le dije que no se preocupara, agradeciéndole al final.




Parqué el carro, me dirigí hacia lo más cercano que pude encontrar a la vista, lo más cercano al borde de esa colina en la que se encuentra el Castillo más representativo de mi ciudad. Lo más cercano al mar. Me quité los zapatos, me senté y respiré profundo mirando tan perfecta vista. Miré hacia los lados. Podía ver las casas desde lejos, podía ver un barco en el fondo, las olas chocando con las rocas yendo y viniendo, las aves intentando pescar, los bichos caminando en la grama, las pocas personas que habían, un grupo familiar y de amigos, una o dos parejas que al parecer también estaban disfrutando de esa tarde.



Pensaba en mi vida, en lo que era, en lo que había hecho y en lo que no, de lo que alguna vez me arrepentí y de lo que hoy me reía. Mis sueños, mis metas, mis anhelos y esperanzas.

Pensé en mi familia, en los que se quedaron y en los que se fueron, en mis amores, mis ilusiones, mis decepciones y frustraciones. Pensé en todo y entonces decidí no pensar en nada más.
Cerré mis ojos, crucé mis piernas, coloqué mis manos sobre las rodillas y me concentré en el sonido del mar, de las aves, de las olas y del viento. Me concentré en mi respiración y entonces pude sentirme tan liviana y tan tranquila que me resultaba increíble tanta paz.
Y lo hice, sin pena me tiré en la grama, miré al cielo, vi las aves pasar, busqué figuras en las nubes y me relajé. Mas tarde cuando percibí mi espalda incómoda me levanté y me sorprendió el atardecer. Mi parte preferida del día. Lo vi de comienzo a fin. Sin aburrirme. Tomé fotos como siempre, para coleccionarlas o que sé yo, para admirarlas.




Me sentí plena. Sentí que necesitaba aquello, sentí que había hecho una terapia para mi misma.
Oscureció, me dirigí hacia el carro y cuando salía, un vigilante intercedió por ese que me había dado entrada.
- Amiga hola cómo estás, lo que pasa es que a mi compañero aquí se le varó la moto, se le espichó entonces para que le hagas el favorcito de dejarlo ahí mismito en la vía, es de confianza señorita, trabajador de aquí.

- Si claro - respondí y sonreí.

El primer vigilante subió al carro.

- Hola amiga, tu fuiste la de ahorita verdá? - me preguntó en una voz amigable.

- Si si, gracias por dejarme entrar.

- No, tranquilaa. Y viniste sola?

- Si, la verdad es que te mentí, ya conocía el castillo, de hecho vengo mucho aquí. Me gusta el lugar y quería venir a relajarme y a respirar.

- Ah no no, tranquila, pero chevere amiga, ese lugar es muy bonito...

Y en la continuación de la conversación, y en ese mi arrebato nada común, me gané un "amigo" que ahora me deja pasar cada vez que necesito hacer esto a lo que ahora llamo mi terapia personal.

Una de las cosas que más disfruto hacer, uno de mis lugares preferidos en el mundo.







De la Soledad y el Miedo.


Me da miedo haberme acostumbrado a la soledad.
Temo por el significado que tiene para mi y lo que ella me da.
Que la soledad no significa estar sin nadie, significa estar sólo con uno mismo.
Temo querer estar sola siempre, y querer estar siempre conmigo
Temo estar sin nadie y hasta sin mi.

Me llena de pánico pensar que me acostumbré a sentir sólo un respirar,

A ser lo suficientemente egoísta como para alejar a todo aquel que se me acerque,
A todo aquel que quiera compartir su soledad con la mía.
Me da miedo no querer compartirla con nadie o no querer apartarme de ella.
Me da miedo acostumbrarme a alguien y aún así alejarlo
A amar a alguien pero odiar su compañía o
Que ese alguien odie mi sentido de soledad e independencia.
Porque no me da miedo estar sola, lo que realmente me da miedo es no estar sola.

La soledad a veces es necesaria pero no imprescindible.

Y voy aprendiendo a conocerme, a escucharme.
Aprendiendo a escribirme y liberarme.


Un mes.

Esta mañana me desperté, comí el desayuno que mi mamá me había preparado y sentada en la mesa volviendo a releer lo que había escrito la noche anterior, paré de leer y recordé mis mañanas contigo, y nuestras noches, las madrugadas y las tardes, los días.

Recordé entonces cuando durmiendo en medio de la madrugada sentía tu mano buscándome y cómo tu brazo me acercaba hacia ti y luego tus labios tocaban cualquier parte de mi cuerpo, la que tuvieran más cerca, mi brazo o mis mejillas, mi cabeza, mi cabello o mi frente, y me daban un beso tierno y luego te volvías a dormir.

Recordé cuándo me despertaba más temprano que tu para hacerte el desayuno y cuando te iba a avisar que ya estaba listo dándote besos; tu te rehusabas a levantarte de la cama y me arrastrabas contigo nuevamente hacia ella. Y también, cuándo el hambre no te dejaba seguir durmiendo  hacíamos el desayuno juntos, o tu lo hacías para mi.  Y las tazas de café que siempre nos acompañaban y a nuestras conversaciones en la mañana. Podíamos hablar de todo, yo podía contarte todo, igual que tu a mi.

Entonces los recuerdos siguieron llegando, y pude sentir la ducha sobre nosotros dos. Me acordé de tu neceser, de tus ropas, tus medias que tantas veces olvidaste en casa y hasta tus zapatos. Tu ayudándome a sacar el carro, yendo conmigo hacia cualquier lugar de la ciudad y mirabas todo como si fuera nuevo; una oportunidad también para que recordaras dónde un día habías vivido por tanto tiempo, para recordar al lugar al que habías vuelto después de tantos años.

Las canciones en el carro, tu cantándolas para mi o los dos cantando canciones viejas de cuando éramos niños a viva voz. Tus besos sorpresa siempre cortos, tu acariciando mi cabello.
Recordé también las peleas, los gritos, mis lágrimas, tus groserías sin razón y las mías por esa razón. Las veces que quise irme y nunca me fui, las veces en las que me iba y tu no me dejaste. Las veces en las que me decías que nada me importaba pero seguías conmigo y yo contigo.
El descubrir verdades o contarlas, verdades que siempre lastimaban y que daban lugar a los celos. Mis dudas, mi inquietud, tus dudas, tu inquietud.

Y en esos días nos emborrachamos juntos. Y en esos días bailamos como siempre soñé que lo haríamos, me enseñaste a bailar bachata, todo como tanto lo habíamos planeado.
Y recordé también esa tarde en Cartagena, tu llevando mis sandalias mientras caminábamos por la playa agarrados de la mano y mientras todos nos miraban. Luego llegó el atardecer, recuerdo que esa tarde me volviste a pedir que fuera tu novia y yo te dije que si, con miedo pero lo hice. Y nos besamos.
La caminata por la ciudad amurallada agarrados de la mano, tu fastidio muy bien disimulado por tantas fotos que quería que nos tomáramos, pero aún así seguías haciéndolo.

Tu no sabías que yo siempre había querido compartir algo así con ese alguien especial y hacer todo lo que ese día hicimos. Tu no sabías que yo en el fondo sabía que todo acabaría pronto, y quería que nos quedaran recuerdos bonitos, que miraras las fotos y pensaras que no todo fue tan malo, que no me odiaras porque a pesar de que luego no quise estar más ahí, disfrutaba de ti y en ese momento no quería estar en otro lugar. Yo sabía que todo terminaría porque por más que habláramos de la despedida, que nos preguntáramos que sería de nuestro futuro cuando yo cumpliera el viaje que tenía programado antes que regresaras a mi vida y a Colombia, algo me lo decía.
Esa conclusión, con nuestra tercera despedida en un aeropuerto, la más horrorosa que algún aeropuerto jamás haya visto... Tu también lo sabías, que aquello sería corto y no sería para siempre. Por eso te aferraste, por eso me odiaste, por eso luchaste sabiendo que ya no era más tuya, que no había vuelta atrás.

Pero ambos también sabíamos que estábamos tan solo cumpliendo sueños y matando ganas. Estábamos haciendo lo que por cinco años habíamos deseado hacer, y todo, resumido en un mes. Un mes que era necesario para superarnos, para seguir adelante, para matar el "what if" que nos persiguió. Y nuestra historia se resumió. Acabó en un mes.

Y e l l o w .


And then I wrote about all the yellow that once used to exist. 

The yellow in the stars and the yellow in the biggest moon I've ever seen. 

The yellow of his shirt and the yellow of his hairs. 

Yellow of his illuminated eyes contrasting with mines. 

The yellow of the light and in our light. 

The yellow of that castle of our first date that wasn't a real date. 

The yellow in the traffic light that always appeared just to tell us that it was time to stop kissing us, or that it was time to start kissing each other again as well. 

The yellow of the song, my favorite band, my favorite song. 

The song he loved and the song he knew I loved. 

Never our song, always the favorite though. 

Ese algo.




Tu eras ese algo que me tenía que pasar,
Ese algo que me iba a distraer, que me iba a hacer sonreír, que me haría olvidar.
Eras ese algo que me tenía que poner la cara de tonta nuevamente,
Que me despertaría la ilusión.


Tu eras ese algo que tenía que sucederle a mi vida,
Ese algo que me tenía que sacar de la rutina, ese algo de lo que debía aprender tanto.
Ese algo que se convirtió en la más transparente inspiración para escribir que jamás tuve,
Que sacaría de mi los más lindos versos, las más lindas palabras. Luego, las más tristes.
Ese algo que le diste a mi vida que nadie más comprendió.
Ese algo que tienes y que eres.
Real y efímero.

martes, 23 de septiembre de 2014

Nunca te extrañé a ti




Entonces quizás nunca te extrañé a ti.

Quizás sólo extrañaba el recuerdo del perfume, el sabor de los besos.

Las risas, la mano acariciando mis piernas mientras la lengua rozaba la mía y mis labios.

El brazo sobre mi cintura, los cuerpos pegados en abrazos.

Las sensaciones que todo me hacía sentir. Lo nuevo y lo que recordaba.

La mirada penetrante, la respiración fuerte y el corazón latente. El sonido de la voz.

Los sentimientos nuevos, las tonterías y la ilusión.

La imaginación del futuro, el disfrutar del presente, el olvidarme del pasado.

Un tal vez que nunca se cumplió, una esperanza que el tiempo mató, un acuerdo que a nada llegó.

Quizás extrañaba todo eso y entonces, quizás, nunca te extrañé a ti.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Hace dos años.

Te fuiste hace dos años y todavía no he podido dejar de extrañarte. Fue difícil aceptar que nunca más te volvería a ver, fue difícil aceptar que tenía que resignarme a sólo verte en mis sueños. Fue difícil aceptar, y lo es aún todavía, que te extrañaré para siempre.

Aún no me gusta ir a visitar tu tumba en el cementerio y tampoco me gusta ir a las misas que te hacen. Tu me conocías más que nadie en el mundo, tu me conocías más que a nadie en el mundo, y sabes que no lo hago no porque no te ame, o porque no te extrañe. 

La principal razón por la que lo hago mami Gladys, es porque no me gusta pensar que mi abuela, que mi mamá, está muerta. No me gusta pensarte como ida, no me gusta imaginar tu cuerpo hecho sólo huesos o polvo, odio pensar en la idea de que estás en un cementerio, dejada allá con otro montón de cuerpos, la mayoría olvidados, que se desgastan al mismo ritmo que una lápida y que las flores. 

No me gusta tener la idea que te marchitas así como las flores que les ponen afuera de bloques o torres de cemento, fríos y grises, como las flores que te ponen a ti, que luego se van apagando lentamente hasta desojarse una por una y secarse cruelmente. 

Pero no te "visito" porque tu para mi no estás muerta. Tu cuerpo ya no está en esta tierra que conocemos, pero tu memoria está más viva que nunca. Tu amor está y estará por siempre vivo en mi porque como tu amor no hay otro. Lo que tu, con tu experiencia y sabíduria me heredaste, vive conmigo día tras día. 

Hoy para mi no es un día normal. Hoy amaneció como otro día cualquiera, me desperté temprano como siempre para ir a la universidad, pero hoy hace dos años me tocó decirle adiós a la mujer que me crió y uno de los amores de mi vida junto con tu hija, mi madre. Hoy no es un día normal porque hace dos años te fuiste sin yo poder abrazarte y dejando en mi un vacío tan grande que con el tiempo, tu recuerdo y el amor que me dejaste han sabido llenar. Hoy hace dos años te quedaste por siempre viva en mi, como esa luz que tu alegría, tu sonrisa y tus ojos dejaban en el corazón de quién te conocía y de quien te amaba.

Odio los cementerios porque son apagados, fúnebres, tristes y desolados. Todo lo contrario a ti.

sábado, 30 de agosto de 2014

Del racismo y sus demonios...

Campaña Publicitaria de Dove.


Desde que somos pequeñas hemos sido educados por la publicidad y la televisión desafortunadamente. Nos han enseñado a vivir bajo la sombra de los prototipos sociales y de la moda que la sociedad impone. Hoy quiero contar mi experiencia personal a cerca del racismo, de los rasgos multi-culturales, de los colores de piel y del cabello.
Personalmente, decidí no usar más la plancha hace dos meses y dejar de usarla en mi día a día. Escogí valorar las ondas naturales en mi cabello las cuales en algún tiempo de mi vida llegué a odiar. Mi cabello es liso por naturaleza, delgado con hebras finas. Cuando está largo se me hacen unas ondas suaves y pequeñas, a veces rebeldes, que con el tiempo y después de reflexionar, he aprendido a amar. 

Recuerdo que cuando estaba pequeña y veía mi cabello muy liso me daba rabia. Yo quería tenerlo ondulado porque mi mejor amiga tenía ondas en el de ella, y a finales de los 90 aún estaba de moda la permanente. Era normal ver en televisión las mujeres con ondas bien definidas, y unos crespos hermosos. Para ese entonces yo podría tener unos seis o siete años de edad. 


Recuerdo que siempre pedía que me hicieran trenzas y las amaba porque al final del día cuando me las quitaba, mi cabello quedaba ondulado. Incluso el día de mi primera comunión, duré todo el día anterior y dormí con esos ganchos que ondulan el cabello que antes se usaban mucho, para que al momento de la ceremonia, mi cabello luciera ondulado. Y también recuerdo la rabia y la frustración que sentí cuando al llegar a la iglesia desde mi casa, mis crespos ya estaban deshechos. Lloré y desee mi veces tener cabello ondulado. Odiaba mi cabello liso.

Años más tarde, a los 12 o 13 años, me encontré a mi misma asistiendo vídeos de Avril Lavigne en MTV dónde su cabello lucía tan perfectamente liso y rubio, partido en la mitad y dejándolo caer sobre sus mejillas. Así que como una buena niña tonta y aún ignorante de muchas cosas, dejándose educar por los prototipos de la televisión, me levanté, me puse frente del espejo, partí mi cabello por la mitad, y de nuevo me frustré por no tener el cabello tan perfectamente liso como el de ella, porque de nuevo en mis cabellos se hacían las ondas suaves, evitando que cayera perfectamente recto, como el de Avril; claramente yo no tenía idea de que existía la plancha o de que existían químicos que podían moldear el cabello para adaptarlo a cómo queríamos llevarlo. Y además, para colmo de males, quería ser blanca y rubia, así que odiaba el sol y le huía todo el tiempo. No me gustaba ser trigueña.

Luego llegó la plancha y lo comencé a dañar, hasta que percibí mirando fotos viejas cuán bonito había sido y cuánto lo había odiado sin ninguna razón. Dejé de usar la plancha y dejarla sólo cuándo estar con un peinado perfecto era "esencial", o sea en reuniones sociales.
Entonces comencé a enamorarme de mi cabello mientras veía que una de mis mejores amigas tenía unos crespos tan lindos que decidió alisar, y otra tenía unos crespos tan lindos que decidió cuidar.

Así fui conociendo mujeres en mi vida, crespas, lisas, alisadas, cabellos inmanejables. Veía como ellas iban adaptando su cabello a la moda, rubio, rojo, negro, incluso las mujeres de mi familia. Vi como a una tía muy cercana se le venía el cabello en las manos por usar tantos productos químicos al tiempo, para alisarlo y para pintarlo a la vez. Desde ese día decidí que nunca me pintaría el cabello y así lo he mantenido. Hasta ahora no lo he expuesto a ningún proceso químico. Y si, habrá quienes me llamen anticuada, clásica, exagerada, como quieran, pero estoy cuidando algo que es mío y que valoro. Es que simplemente no entiendo como hay mujeres que prefieren llevar un cabello liso o con otro color en las peores condiciones y maltratado, que definitivamente llevar su cabello natural en condiciones sanas sin maltratarlo. 


Es increíble como las mujeres nos vamos adaptando y nos vamos complicando la vida para seguir patrones comerciales y televisivos, cuándo muchos de estos los que en realidad buscan es aumentar el consumismo, "ser diferentes" convirtiéndonos a todas en seres iguales.


Pero además de esto, me di cuenta de algo, y es que vivo en una sociedad racista. En mi país y en Brasil he visto el racismo y la desigualdad. En las universidades en las que he estudiado menos del 5% de los estudiantes son negros, además de que si no eres de piel blanca puedes sentir los ojos sobre ti y escuchar comentarios racistas y hasta clasificándote. Por otra parte, mi piel no es blanca, es morena o mulata o mestiza, y muchas veces he sido catalogada gracias a ello y comparada con otros amigos colombianos. Pero eso para mi no tiene importancia. Al contrario de cuando era niña ya no quiero ser blanca. Yo me siento orgullosa de mis rasgos indios, de mi descendencia indígena y latina e intento sacarles el máximo provecho. 




He visto espacios en dónde las personas de piel negra son objeto de burla, de desprecio, dónde las personas negras aún son discriminadas, y decidí hacer mi introducción por el cabello porque además de la piel, como no se la pueden pintar (porque dónde se pudiera estoy segura que muchas personas lo harían), el cabello es lo que está más a su disposición para cambiar, porque "el cabello ondulado es de negro", "el cabello rizado y crespo es de raza negra", y "tener el cabello "cucú" o "apretado" es muy feo, entonces si me lo aliso dejaré de ser menos negra y me veré más linda". 

Si supieran que no hay nada más hermoso que una mujer segura de sí misma y que ama cada parte de su ser y de su cuerpo. Si supieran que el cabello ondulado, crespo, rizado, "cucú", "apretado", como le quieran llamar también es hermoso, es exótico y por lo tanto sexy. Que en la diversidad y en la variedad está el placer. Que no importan los prototipos sociales, uno se debe sentir orgulloso de quién es, de su pasado y por supuesto de su raza. Y me parece triste que las niñas sigan creciendo con esa mentalidad, y que desde pequeñas sus mamás decidan por ellas como deben llevar el cabello. Por qué no enseñarlas a amar cada parte de ellas desde pequeñas incluyendo el cabello? Por qué no aceptarnos todas como somos y amarnos? No hay nada más lindo que el Autoestima.






domingo, 24 de agosto de 2014

Alguna vez...?

Alguna vez tu corazón ha latido tan fuerte al lado de esa persona que te da miedo que logre escucharlo?
Alguna vez tus ojos han gritado tantas palabras y tantos sentimientos que te da miedo sostenerle la mirada porque entonces así, podrá leerte el alma y descubrirte?
Alguna vez tus manos frías, sudorosas y temblorosas han sido tan delatoras que quieres esconderlas y parar cualquier reacción química en tu cerebro que esté provocándolo? 
Alguna vez tu corazón ha decidido sobre tu cerebro y has dejado que se arriesgue por ti? 
Alguna vez tu inteligencia se dio por vencida cuándo de amar se trata? 
Alguna vez te has dejado inundar el corazón de tal forma que todos los muros que has construido se derrumban y no hay nada que puedas hacer para controlarlo, y te has sentido vulnerable porque sabes que una vez que eso pasa ya no hay vuelta atrás y no hay nada que puedas hacer para revertirlo, pero a la vez has experimentado tal felicidad imparable porque has descubierto que de nuevo te has vuelto a enamorar?

jueves, 21 de agosto de 2014

El gusto.


- Señorita, estás bien?
- Si..
- Pero estás llorando...
- No te preocupes, son lágrimas de alívio.
- Cómo así lágrimas de alivio? - una novedad para un niño de 9 años.
- Sabes qué pasa? A veces la vida lastima tanto a las personas que nuestro corazón se va apretando, apretando hasta quedar duro como una piedra. Entonces ahí parece que nunca más vamos a poder sentir nada: ni mucha alegría, ni mucha tristeza.
- Y no hay médico para eso?
- No hay
- Y remedio?
- Sólo el tiempo
- Pero el tiempo no se compra
- No, esperamos al tiempo.
- Es por eso que estás llorando? Porque el tiempo se está demorando?
- No, estoy llorando porque el tiempo pasó, la piedra se ablandó y me di cuenta que tenía tanto dolor guardado en mi corazón que necesité de esas lágrimas para echarlo todo hacia afuera.
- Ummm, quieres decir que tu dolor se hizo agua?
- Se hizo lágrima.
- Entonces el dolor es salado?
- Puede ser amargo también
- Creo que no gusto del dolor, sólo gusto de ti.
- Yo tampoco
- Entonces por qué tragaste dolor?
- Sabes cuando tu mamá te dice que tienes que comer ensalada para crecer saludable y te ves obligado a comerla aunque no te guste? Con el dolor es igual. Además del dolor, pasa lo mismo con la rabia, con la tristeza. A nadie le gusta, pero si no los probamos, no crecemos fuertes.
- Entendí. Creo que aún soy muy pequeño para ser fuerte... Quieres un poco de alegría? - dijo, ofreciéndome su chocolate.

Traducción de: http://sobresambasesaudade.blogspot.com/2014/05/o-gosto.html by Carol Soares.

viernes, 15 de agosto de 2014

Not expected.


Recuerdo su mirada de encanto sobre mí mientras sonreía, podía notar como detallaba cada uno de mis rasgos faciales, podía sentir sus ojos sobre mi mientras me distraía, podía percibir que le gustaba mi sonrisa, que a su lado, era producto de sus chistes, de su sarcasmo o de sus comentarios graciosos, y de esas mismas miradas intimidantes que me daba. Y si, me encantaban, debo confesar que lo disfrutaba, así que sólo podía seguir mirándolo a los ojos y sonriendo, detallando los colores rubios y rojos de su barba, intentado ver entre las betas verdes y algo azules de sus ojos y de seguir esas líneas con los míos, mientras seguíamos envolviéndonos en un ambiente de coqueteo que parecía nunca acabar. 

Recuerdo haber estado yendo en su dirección mientras subía las escaleras eléctricas, él observándome desde arriba sonriéndome, y era como si su rostro estuviera iluminado y sus ojos brillando, y no me perdía de vista.  Entonces me empiné, un saludo, un abrazo y una pregunta tan simple como, "ya cenaste?" en un inglés exótico y extraño; siempre interesado y protector, paciente sólo como él, y sin dudarlo, el hombre más caballeroso que he conocido en mi vida. Y me prestaba su abrigo y sus guantes y me abrazaba dándome calor, y me contaba sus historias, y aunque aún yo no tenía muchas, notaba que le gustaba oír las mías o las locuras que le contaba muerta de la risa. Y yo, yo adoraba su mezcla desorbitante entre lo tierno y lo serio, inteligente y sabio, y lo mejor, no hacía el mínimo esfuerzo para demostrarlo, le salía natural, al igual que sus locuras. Supo encantarme. Y en un intento de bailar música latina, pidiéndome que le enseñara e intentando remedarme o seguirme el paso, no se esforzaba en esconder que quería acercarse a mi.  Y una promesa de visitar mi país y de recibirme en el suyo. Algo raro, nada esperado, algo lindo.

lunes, 11 de agosto de 2014

Y entonces me encantaría volver allí...



La vista de la catedral desde la ventana de mi habitación.
Me encantaría levantarme, abrir mi ventana, ver los colores del amanecer pintados en el cielo, respirar el mismo aire y volver a ver la catedral tan cerca de mi. Decirle buenos días a las niñas que vivían conmigo, hacernos el desayuno juntas, tomarme un café brasileño, saludar a mi vecina que siempre me decía: "Muy buenos días mi linda", saludar y sonreírle a mi portero "Buenos días Paulo", y que me conteste "Buenos días, bendiciones para este día", ir escuchando música hacia mi parada de bus y ahí esperar hasta subirme. Ver a los mismos tres conductores de siempre, y a ese moreno que siempre me recibía con una gigante sonrisa. Bajarme y caminar entre hojas caídas color otoño en ese pequeño y corto camino en el que al comienzo sólo cabe una sola persona y sentarme a observar mi alrededor en la banca en la que siempre quise sentarme y que nunca lo hice por miedo a parecer lunática. 


Facultad de Administración y economía,
Universidade de São Paulo.

Llegar a la cafetería de mi facultad "el convivio" y ahí esperar por veinte minutos mientras llega mi hora de ir a clase, conversando o tomándome otro café, escuchando música o mirando lejos, porque mirar lejos en mi universidad nunca fue un problema debido a tanta naturaleza. 


Me encantaría volver a ese centro comercial del centro y comerme un último açaí o sentir el olor de las crispetas y de ropa nueva al entrar. Ser atendida por la misma persona en esa heladería de la esquina con el mejor y más famoso helado de la ciudad. 

Ir a mi clase, escuchar los profesores hablar, que explicaran expresiones muy brasileñas porque sabían que en su aula habíamos extranjeros. Terminar las clases e ir a almorzar al "bandeijão", hacer esa fila inmensa y buscar "carona" (chance) para devolvernos a la facultad. Molestar y reírme con los chistes de un paisa intentando hablarme costeño. Me encantaría volver a compartir las clases con mis amigos colombianos y brasileños, reírnos de todo, molestar con mi amigo finlandés en clases de economía brasileña sin prestar atención. Volver a nadar en esa piscina olímpica, más que para hacer ejercicio, para distraerme; y broncearme sin quererlo, y ver como se burlaba de mi aquel rubio de ojos azules que me enseñaba a nadar porque me decía que era muy acelerada por mi miedo al agua. O correr en aquella pista atlética en dónde siempre me acompañaba un búho en el mismo lugar, en la misma milla, en la misma parte de la pista. Y luego caminar el camino de siempre lleno de piedras portuguesas y rodeado de tantos árboles hacia mi parada de bus o hacía mi salón de clase, tarareando las canciones que escuchaba y que ahora tanto me recuerdan a mis días en el "Brasil do meu amor".


Me encantaría volver a ir a esas fiestas que sólo Brasil, Ribeirão Preto, y la USP saben ofrecer con el incesante y escandaloso Funk [fonki] y el Sartanejo, que para mi nunca fue más que un Vallenato extraño.

Me encantaría retroceder el tiempo y volver atrás unos meses cuando estaba en un mundo diferente al que crecí. Me encantaría volver a mirar y a fotografiar cada rincón con mi memoria. Volver a ver todo una vez más. Sentir el olor de los edificios, de mi casa, el olor de mi universidad, volver a robar café del mismo lugar, pasar por la misma tienda de paletas de siempre antes de ir a hacer mercado a Carrefour y saludar a la misma señora que atendía, quién tantas veces me ayudó a encontrar el camino cuando me perdía por despistada o por tener mala memoria. 
Y entonces retroceder el tiempo en el taxi que me llevaba al aeropuerto mientras mis lágrimas rodaban por mis mejillas, bajarme corriendo y decirle a mi mama, "no me voy, me quedo"y volver a pasearme por el centro de la ciudad y escuchar la música brasileña en las calles. 


Brasilia, DF.
Amaría poder devolverme a ese instante en el que iba conversando de la vida con mi amiga Carol, una brasiliense enamorada de Brasil y su capital, creyente de los astros, independiente, feminista y liberal, justo como un día yo quiero ser. O cuando me embarqué en el carro de un desconocido directo a la ciudad más grande de Latinoamérica sin conocer a nadie allí, y me encantaría volver a ver a Ian con ese letrero con mi nombre en él, esperándome en una estación de metro de la gigante São Paulo. O volver al bus que me llevaba a la isla de Florianópolis y retroceder el tiempo al momento en el que hacía SandBoard. O volar hacia la van que nos dirigía a nueve colombianos, dos suizos, un francés a Rio de Janeiro para los carnavales, y verme de nuevo riéndome sin poder respirar por cada chiste o cada remedo tonto de baile que mis amigos de viaje hacían en el Sambódromo. O retroceder al momento en el que me perdí en Foz do Iguaçu regresando de Misiones, Argentina después de un día perfecto y después de haberme bañado bajo las cataratas de Iguazu, una ciudad totalmente desconocida para mi a las nueve de la noche, en una parada de bus oscura y rodeada sólo de un vasto monte, en dónde sólo se veía una carretera, todo eso sólo para volver a sentir la esperanza y el agradecimiento con Dios cuando un bus me recogió y me dejó en la parada correcta, y aún sin saber hacia dónde dirigirme para encontrar la casa en la que me estaba quedando, ver a Ana, la chica que me recibió en aquella ciudad, esperándome allí, esa esperanza de volver a sentirme tranquila y segura, ese agradecimiento por sentir ángeles cuidándome todo el tiempo. 

La torre de TV de Brasilia totalmente llena de Colombianos.

Y por supuesto me gustaría volver a sentir la emoción del mundial, ver nuevamente como la selección de mi país le ganaba dos a uno a Costa de Marfil en la capital de Brasil, y mejor aún, ver a todo un pueblo vestido de amarillo en la torre central de Brasilia, todos unidos gritando "Colombiaaa" y celebrando esa ilusión, esa victoria. Y caminar por las calles de la que solía ser mi ciudad orgullosa de llevar puesta mi camisa de Colombia, y que todos por la calle me dijeran  "felicitaciones", "3-1" , "woo", el día de nuestro debut en la copa del mundo. 

Volver a compartir un vino con mis amigos más cercanos, volver a reunirnos en cualquier casa para hacer comida casera entre todos de cena o de almuerzo antes de alguna fiesta, hacer un 'pre' con vodka o cerveza de las buenas para ir a las fiestas a seguir bebiendo más vodka, cerveza o cachaça de las peores. Reunirnos los domingos o cualquier día para ir cine, quedarnos en las casas de todos porque era más fácil y divertido quedarse a dormir que devolverse a la casa de cada uno. Tirar en mi casa los seis colchones que habían y acomodarnos como pudiéramos. Ir a la casa de Maria Alejandra y que Mariana, una brasileña que sólo sabía hablar español cantando, me diera dolor de barriga de tanto reírme mientras bailaba y gritaba las coreografías y las canciones de RBD, o mientras me mostraba sus muchos vídeos publicados en Youtube. Remedar a las brasileñas bailando y burlarnos, además intentar bailar samba y fallar en el intento. 


Y por último, lo que definitivamente más me encantaría, lo que más amaría hacer es poder meter en un frasquito a mis personas especiales para abrazarlas cada mañana y no extrañarlas. Y por supuesto, además, amaría poder guardar cada segundo en mi memoria y nunca jamás olvidarme de ningún detalle y volver a Brasil, el país que me enamoró.

jueves, 24 de julio de 2014

Eu prometo, só trinta segundos.

Lembro da noite que sua alma subiu ao céu. Era assim como hoje. Fria e longa, estava com sonho e estava cansada. Estava triste porque nesse dia não consegui te ver mesmo que eu tentei. Foi uma noite de setembro que eu toquei teu corpo frio e chorei encima dele, no mesmo hospital que me viu com tantas esperanças, esperando sempre que os médicos falassem que você ia vir para casa, todo durante dois meses. Foi uma noite onde eu te quis abraçar e beijar mais uma vez, onde eu queria ver teus olhos brilhantes e teu sorriso, eu queria que você dançara seus ombros de novo para mim. Essa noite foi a noite mais longa de todas as noites da minha vida. Perdi a minha mãe, a minha avó e não lograva entender como ia fazer para viver sem você, e ainda depois de três anos, não o logrei, ainda não sei. Eu penso em você e a minha alma chora, só quero te ter perto, dar um beijo de boa noite, ver-te de novo nas manhãs tomando cafe. Ainda não acredito que você não vai estar no dia do meu casamento, que não vou te levar no meu carro de passeio, que não vou te abraçar mais. 
E se você falasse com o Deus e pedisse para ele para eu subir só trinta segundos para te dar um ultimo abraço? Eu prometo, só vão ser trinta segundos mesmo que queira ficar mais, fale, que eu preciso de você, preciso da minha mãe e minha avó, fale, que eu não teve a oportunidade de me despedir bem nesse dia que eu quis te ver, fale com Ele, que hoje mais que nunca estou sentindo sua falta e tenho muita saudade de você, fale que preciso das suas suaves bochechas e seu sorriso para eu ficar tranquila e não estar tão triste.
Lembro dos seus conselhos, sua preocupação pelas minhas coisas, seu amor incomparável, seus dias me cuidando e arrumando as minhas bagunças, suas comidas as mais gostosas que eu já experimente, seus sonhos do Mexico, seus gostos, seus lunares que eu herde, eu arrumando você nas datas especiais, seus perfumes, sua forma de se arrumar, sua musica velha e o sentimento para cantar-as a viva voz. Só trinta segundos, eu prometo.

lunes, 14 de julio de 2014

Lo realmente bueno.

Me gusta la gente amable, gente capaz de alegrarte el día tan sólo con una sonrisa espontánea. Me encanta la gente auténtica, que no tiene miedo de ser y mostrar al mundo quién realmente son, esa que no sigue la corriente de lo que la sociedad impone, gente liberal y "loca".
Me agrada la gente que da abrazos calurosos, optimistas y que tienen una frase llena de fe para ti en los peores momentos; pero gusto también de aquellas que aún sin saberse expresar bien, saben decirte que todo estará bien.
Gusto de la gente que sabe bailar y lo disfruta, también de la gente que aún sin saber hacerlo, baila sin pena. Me agradan esas personas que aman muchas cosas, y que les gusta casi todo, que no tiene miedo ni reparos en probar cosas nuevas por más desagradables o miedosas que parezcan.
Me agrada la gente con mente abierta, de esa que escucha y aprende de los demás, pero también me gustan las personas que defienden su posición y que persiguen sus sueños a costa de lo que sea.
Me encanta esa gente capaz de atravesar toda una ciudad por un beso, que sabe preparar café o que por lo menos hace el intento. Que no tiene miedo de tomar riesgos y que son capaces de dejarlo todo por amor. Me gusta la gente tierna, sensible, capaz de apreciar la belleza de la luna o de un atardecer.
Me gusta la gente que sabe estar cerca aún estando lejos, esas personas que saben contar un buen chiste, o que por lo menos intentan hacerte reír con el comentario más 'huesero' del mundo.
Disfruto de las personas que son capaces de sostener una buena e interesante conversación, de esas con las que se puede tener un debate sin necesidad de caer en discusiones.
Me gusta la gente sincera y transparente, la gente que sonríe, que es humana, que aún con miedo de expresar sus sentimientos saben hacerte saber cuánto te quieren y lo importante que eres en sus vidas.
Me enamora la gente detallista, que se deja robar el corazón de los niños, que sabe que en las pequeñas cosas está escondido lo más grande. Disfruto de la gente que no tiene miedo a decir el primer "hola", gente valiente y temeraria, entusiasta, que sabe que merece ser feliz.

miércoles, 9 de julio de 2014

Re-Post: Carta concreta a un hombre abstracto.






No me pude contener al publicar esta carta en mi blog porque además de haberla leído unas ocho veces, o quizás más, sinceramente considero que es lo suficientemente realista y cierta en lo que concierne al concepto y al actuar en una relación de pareja, algo totalmente diferente a lo que la sociedad y a lo que los cuentos de princesas nos han dicho, lo que realmente la mujer quiere y necesita del hombre y por supuesto lo que ella está dispuesta a entregarle a él y a la relación para el crecimiento de ambos. Algo que alguien tenía que escribir y Vladoo una vez más lo ha logrado.



Publicado el septiembre 8, 2009


"Te escribo estas líneas, a ver si te sobrepones a los prejuicios y finalmente te atreves a dar la cara. Sé que puede ser mucho pedir, pues la valentía masculina no es una virtud cuando el campo de maniobras deja de ser una oficina o un bar, lejos de tus colegas de trabajo, tus amigos de tragos o tus ex compañeros de estudio. A diferencia de ellos, conmigo no tienes que fanfarronear, porque no me interesa saber de tus conquistas ni pretendo que me ocultes tus derrotas.

Aunque no voy a encubrir tus equivocaciones, ni a justificar tus errores, tampoco soy tu enemiga, ni quiero ser tu verdugo. Contrario a lo que pasa con algunos de esos que te acompañan a tomar whisky en las tardes de viernes, después de tus ocupaciones, yo no aspiro a que te boten de la empresa, para tomarme por asalto tu amplia oficina. Tampoco cruzo los dedos para que las cosas te salgan mal, o para que te trasladen a una sede remota en algún paraje perdido.

No esperes que yo sea tu aliada para hacer caer a otro, ni tu cómplice cuando intentes engañarte a ti mismo, pero tampoco permitiré que nadie te apuñale por la espalda. Sin embargo, no quiero ser para ti apenas una amiga a la que puedas acudir de vez en cuando, a confiarle tus desventuras. Yo lo que quiero es estar contigo siempre, sobre todo cuando pases por la soledad del fracaso, cuando atravieses el desierto de las penas o cuando se te venga encima el agobio de la depresión.

No quiero que seas un superhombre, ni tienes que ser infalible. No necesito un dios al cual venerar sin objeciones, sino un hombre al que pueda amar sin rodeos. Cuando sea yo la que esté en la inmunda, no espero que me compadezcas, ni que tengas la palabra precisa, ni que puedas solucionar mágicamente mis problemas. Sólo me basta con saber que estás ahí. No es necesario que seas una roca cuando lo que yo necesito es un soplo de viento fresco. No busco unos brazos fuertes en los cuales refugiarme, sino una mano tendida que me ayude a sostenerme mientras camino en medio de la oscuridad.

Muchos hombres temen aceptar lo que sienten, pero no te preocupes, no es indispensable que me quieras mucho: me conformo con que sólo me quieras; eso sí, recuérdamelo con frecuencia. Deseo oírlo de tus labios, mientras me miras fijamente a los ojos. No te dé miedo ser cursi, ya verás lo lindo que se siente.

En la intimidad, no creas que busco una máquina de hacer el amor, créeme que eso se puede resolver con simpáticos y efectivos juguetes de pilas. En la cama no tienes que demostrarme nada, por eso no quiero un semental ni me parece divertido un acróbata. El sexo, aunque sublime, no es un fin, sino una manifestación más de compañía y de confianza, de placer y de entrega; uno de nuestros muchos puntos de encuentro.

Si alguna vez me pones los cuernos, te ruego que me lo digas, pues aunque no sé si pueda ser comprensiva o si sea capaz de perdonarte, si me entero por otros medios, la posibilidad de reconciliación habrá desaparecido casi por completo.

Claro que vamos a tener muchas diferencias, pero la mayoría se podrán superar; al fin y al cabo no se trata de cerrar caminos, sino de buscar salidas. Prometo no enojarme con retroactividad, pero tú me garantizas que no te vas a molestar por anticipado. Y, sobre todo, no nos preocupemos por los problemas que no tengan solución.

Sabes que te puedo oír aun en silencio, así que nunca me levantes la voz ni me saques en cara los defectos; desde el comienzo los conoces. Si un día me faltas al respeto, lo asumiré como un doloroso gesto de despedida. Mi cuerpo y mi conciencia son intolerantes al abuso.

Bien sea que estés conmigo sólo una noche o decidas quedarte para siempre, no lo hagas por inercia, porque, igual, me voy a dar cuenta. Y si resuelves irte, no huyas sin despedirte ni caminando de puntillas; ten la entereza de salir andando con la misma seguridad que exhibías al incursionar en mi vida.

Ven, arriésgate a querer; deja que te quieran. Quizás sufras unos cuantos desengaños, pero serán más las alegrías; experiencias indispensables para comprobar que sigues vivo.

De todo corazón,


—Aleida. "


Fuente: http://aleidaonline.com/2009/09/08/carta-concreta-a-un-hombre-abstracto/




viernes, 27 de junio de 2014

Cosas que aprendí viajando...

Aprendí a no preocuparme por el futuro y a disfrutar el presente, a dejar que las cosas sean sin forzarlas porque al final todo tendrá sentido y cuando menos lo esperes, tus sueños se estarán haciendo realidad. 

Aprendí a desprenderme del pasado y a perdonar, a entender que el pasado son tan sólo experiencias de las cuales se tienen que aprender, son recuerdos que se deben apreciar para nunca olvidar el camino que se ha recorrido, el cual nos ha traído hasta el presente.

Aprendí a estar sin celular. Para mi la vida era inconcebible si no tenía mi celular al lado o todo el tiempo en la mano y tenía miedo constante de perderlo. Y una de las mejores cosas que me paso en este viaje fue irónicamente que me robarán el celular, casi lloré cuando no lo encontré y luego sonreí porque de lo que me había liberado. Estuve un mes sin él  y sin comunicarme constantemente con las demás personas mientras estaba en otro país, en otra ciudad, y esa libertad y despreocupación que sentí, fue increíble. 

Aprendí a apreciar a mi familia, porque aunque sea imperfecta, es hermosa. Aprendí a extrañarlos y a valorarlos cada vez más cuando los veía disfrutar en las fiestas familiares sin mi, me grababan vídeos y me enviaban mensajes diciéndome cuanto me extrañaban. 

Aprendí a valorar a mi mamá y a ser más consciente de todas las cosas que ella hace por mi, cuánto me ama, cuánto la amo y lo grande y valiente que es. Entendí que si no fuera por ella no hubiera vivido la que fue mi mejor experiencia, ni estuviera en este mundo.

Aprendí a estar cómoda con mi cuerpo, a no obsesionarme más por el, porque de repente encontré personas que me querían por lo que soy, por mi forma de ser, por lo que yo tenía para enseñarles y darles, personas que valoran mi esencia y no mi físico, sin fijarse en las cosas materiales que tengo, en que barrio vivo o que carro tengo, cuánto dinero gana mi mama o cuantos sellos tiene mi pasaporte, saben, esas cosas que alguna vez pensamos que nos daban valor o hasta que nos hacían persona. Aprendí también que esas personas son las que tengo que conservar en mi vida.

Y por supuesto yo también aprendí a no juzgar por el físico ni por la primera impresión, siempre es bueno dar una segunda oportunidad. Aprendí a aceptar a las personas como son. Pero también aprendí a alejarme de personas tóxicas, porque si es cierto que existen, aprendí a alejar de mi vida personas negativas, criticonas, quejonas y problemáticas, de esas que se les da una solución y sacan otros tres problemas de ella.

Aprender a ser independiente, a tomar decisiones por mi misma y por lo que quiero, sin que lo que está de moda o lo que la sociedad dice que eso es lo que se tiene que hacer interfirieran en ellas, porque al final se nos impone una moda que promete hacernos diferentes y terminamos todos viéndonos iguales. 

Aprendí a arriesgarme, a dejar el miedo a un lado, como la primera vez que decidí viajar sola por mi cuenta.

Aprendí a ser espontánea, dejar de planear absolutamente todo en mi vida, y no es que planear sea malo, claro que no lo es, no se le puede dejar todo a la suerte, simplemente hay veces que toca relajarse. Como mi viaje a São Paulo, que había planeado para julio y luego, vi la oportunidad de irme entre abril y mayo y la tomé, me fui sola también, para después encontrarme con que tenía que adelantar mi viaje para regresar a Colombia en Junio y darme cuenta que sí no me hubiera arriesgado a irme sola, si no hubiera sido espontánea me habría perdido una de las que fue las mejores experiencias de mi vida. Y entre otras cosas, aprendí a reconocer oportunidades, a no perderlas y a tomarlas para aprovecharlas al máximo.

Aprendí a ser agradecida. Llore muchas veces dándole gracias a Dios por tantas maravillas y cosas hermosas que hizo en mi vida y que me dio, tantas veces que me salvó del peligro, como la vez que un bus me dejó tirada en medio de la nada en la ciudad de las Cataratas de Iguazí. Agradecida porque todo se dio de la forma en la que menos lo esperaba, la vida me sorprendió y además logré cumplir muchos de mis objetivos, pero en el tiempo de Dios, no en el mío. 

Aprendí a hablar portugués, mejore mi inglés y tuve la oportunidad de hablar los tres idiomas que ahora puedo decir que manejo incluyendo el español, al tiempo, en un grupo de personas en las que no todas hablaban el mismo idioma en situaciones en las cuales tocaba hacer switch en el momento, pensar rápido. Y por si fuera poco, profundicé lo poco que sabía de francés con un chico francés encantador con el que solía salir (jeje), pa' que más?

Aprendí a ahorrar dinero, a manejarlo y a saber que si no guardo, podré tener problemas más tarde. Que el que no ahorra, no tiene nada. Aprendí también a elegir fiestas y eventos. No se puede ir a todo como siempre me dijo mi madre sabia, ahora lo comprendo y lo entiendo mucho mejor. Elegir fiestas, salidas y ahorrar dinero, fue lo que me permitió viajar tanto por Brasil, mochilear desde río hasta Sao Paulo, desde Sao Paulo y otras cuatro ciudades hasta Florianopolis, desde Florianopolis hasta Argentina y desde Buenos Aires hasta las Cataratas de Iguazú.

 Aprendí que los hombres buenos, fieles, leales y caballerosos si existen. Conocí muchos, muchos me trataron como princesa y me hicieron tener fe para darme cuenta que puedo llegar a casarme con uno así, me hizo darme cuenta que así me gusta ser tratada y que lo merezco sin dudarlo. 

Aprendí a que la unión hace la fuerza, que cuando somos más, las ventajas crecen. Pero también aprendí que sí el grupo no va en la dirección a la que yo quiero ir, puedo apartarme, tomar el camino que necesito y quiero, y luego volver a encontrar otro grupo con mis mismos intereses. Y en el momento del camino en el que vamos solos, se aprende a ser independiente y valiente y también a conocernos a nosotros mismos. 

Aprendí que una sonrisa es la mejor herramienta para romper el hielo, que un hola puede ser tan importante como una conversación profunda y que de un hola espontáneo, pueden nacer GRANDES amistades.

Aprendí a dar sin esperar nada a cambio, a ser humilde, sencilla, desinteresada y generosa.

Aprendí a cocinar mucho más que antes, gastronomía brasileña y colombiana también, me tocó para impresionar a la gente (jajaj), aprendiendo de mi misma y de los demás.

Aprendí palabras en español que no conocía así como aprendí de otras culturas.

Aprendí una vez más a burlarme de mi misma, porque si me río de mis defectos o torpezas será una burla sincera que quizá me ayude a mejorar. Aprendí a aceptar mis defectos, reconocer que no soy perfecta y liberarme de mis inseguridades.

 Aprendí a contar anécdotas e historias, a hacerlas divertidas para expresar lo que sentí en el momento y a veces sacándole provecho a mis exageraciones.

Aprendí a conocer a las personas, a saber en quién puedo confiar y en quién no. Aprendí que ese "no le digas a nadie" tiene otro "no le digas a nadie porque me dijo que no le dijera a nadie" y así sucesivamente. 

Aprendí que la mejor forma de conocer una ciudad definitivamente es con personas que vivan en ella y que la quieran, no con tours, no, son rápidos, no dan tiempo para apreciar las cosas, y muchas veces te llevan a donde más le convienen. También aprendí que no se necesita de mucho dinero para pasarla bien y tener el mejor tiempo de la vida, sólo buenos amigos son suficientes.

Aprendí a tener una mente más abierta y a liberarme de prejuicios y de estereotipos.

Aprendí a convivir con personas diferentes a mi familia. 

Aprendí a que una caminada al aire libre, escuchando la música que te gusta, o simplemente disfrutando el sonido de la naturaleza puede arreglar tu día, puede ayudarte a aclarar tu mente y a liberar tu espíritu, puede sanarte y calmar tus ansiedades. Que tirarte en el pasto puede ser más cómodo y reconfortante que tirarte en tu cama luego de un día lleno de estrés y cansancio. 

Aprendí a bailar sin miedo y sin pena bien y como loca dejándome llevar por la música y por supuesto aprendí a bailar samba.

Aprendí a querer y valorar mi país, a sentirme orgullosa de él y defenderlo.

Aprendí a desprenderme de las cosas materiales, y entre otras cosas a viajar con un equipaje liviano, porque cuando llevas un equipaje pesado se te hace el camino más cansativo, más lento y más complicado. Que si vas con el equipaje necesario, no más, no menos, estás más liviano, más cómodo y puedes disfrutar de todo un poco más. Así mismo como en la vida. 

Tragando Palabras

"Decían que ella nunca se ahogaría con las palabras, pero no sabían ya cuántas veces quiso decir cómo adoraba perderse en aquellos ojos y sólo conseguía respirar profundo, tragar en seco y voltear a un lado."

Texto original: http://sobresambasesaudade.blogspot.com.br/2014/05/engolindo-palavras.html
Carol Soares.

martes, 24 de junio de 2014

Sólo de ti

Te dibujo en mi mente, trazo por trazo te me vas formando
Te dibujo en mi mente 
Cada parte de tu cuerpo voy pintando 
Y me basta solo cerrar los ojos para sentirte cerca
Y me basta solo alzar mis dedos al aire para sentir que te toco
Y te dibujo en unas ansias locas de verte
Y te pinto en mi locura de besarte 
Desde esa noche que mis dedos dibujaron en tu cuerpo
Caricias como un pintor dándole color a un lienzo
Llenaste el mío de ondas y de trazos locos 
Y desde entonces no soy de más nadie, sólo de ti. 

viernes, 20 de junio de 2014

Te voy a extrañar Brasil

Hoy me siento así como cuando vas yéndote de casa y tienes esa sensación de que estás dejando algo pero no sabes que es. La única diferencia es que yo sí sė lo que se me está quedando. Hoy se me está quedando en Brasil mi corazón, estoy dejando aquí mis sentimientos y pensamientos, las mejores experiencias de mi vida y también grandes amigos. Hoy los dejo llevándolos conmigo a Colombia después de estos cinco meses, sintiendo también una gran nostalgia, nostalgia que paradójicamente esta llena de alegría y emociones encontradas, una nostalgia llena de memorias. Te voy a extrañar "demais" Brasil. 

sábado, 14 de junio de 2014

Two choices.

You have two choices, whether going away or whether staying. Both are fine by me, the first one is gonna hurt me and the second one will make me happy; if you choose going away, I'll pick myself up and move on and if you choose staying, I'll stay with you too. 
But I'm just gonna ask you one thing; don't ever interrupt the process you're going to make me go through, and if you dare to do it because you regret your decision, I'll understand it, but also, don't expect me to be the same after accepting it, because whether you're gonna have to win me again or whether to lose me forever.

martes, 3 de junio de 2014

Nós.

E minha mente não deixa de pensar em nós, nós como um tudo, nós como um nada.
Nós no futuro e no presente, nós pelo que a gente foi no pasado.
Nós como eu quis que fosse, nós como nossos beijos e abraços, brincadeiras e o tempo junto.
E sento saudades de você, e você o pregunta para mim tão normal,
Mas não faz ideia do que eu já te pensei, do que eu já nós pensei, e de que só existe a vontade em mim de te ver novamente.

domingo, 25 de mayo de 2014

Existen besos...

Existen buenos besos, hay besos con técnica perfecta, hay besos vacíos, hay besos borrachos y besos pésimos; besos feos imposibles de disfrutar, besos normales, besos promedios, besos con rabia, besos llenos de alegría, besos que se bañan en lágrimas o con el agua del mar; besos a la luz de la luna o en plena luz del sol, besos a escondidas o muy públicos, besos con lengua y besos sin ella, besos franceses y besos con barba, besos de varios colores, besos que te llenan, que te excitan, besos largos, besos cortos y besos robados, besos que no querías dar, besos que te morías de ganas por probar, besos sin sentimiento, besos con cariño y besos con amor, besos secos, mojados y besos con sudor, besos con los ojos y besos con el corazón; hay besos sensibles, besos fuertes y vastos, besos delicados, besos con las manos y los labios, con roces y sin roces, con sabores y que te dejan sinsabores, simples y complicados, besos que te quedan marcados y nunca serán olvidados, existen besos a la distancia, besos en sueños y besos imaginarios, existen besos pasados, presentes y futuros, besos que categorizas, y existen de esos besos que son míos y de él. 

Colombia es más que Farc.

Estaba exponiendo en clase de Sociología un tema económico, y mi profesora me pidió que hablara sobre mi país. Así que con el computador que estaba siendo dirigido por un compañero de la clase, conectado al proyector dentro de la sala, me dirigí a Google Images y mostré Colombia, las playas, Cartagena, San Andrés, la ciudad, Medellín, Bogotá, Barranquilla y su carnaval e incluso hablé un poco de su economía y de mi universidad. 
De repente mientras hablaba pude observar una sutil sonrisa de burla en la cara de todos, no sabía que había dicho, seguí hablando un poco insegura, sonreí intentando descifrar que había ocurrido. Pensé que de pronto había  pronunciado una palabra mal en portugués, o ellos habían mal entendido alguna frase, o simplemente mi acento de repente les estaba pareciendo gracioso; pero sus miradas se dirigían hacia el tablero, así que volteé e imágenes de las Farc aparecieron reflejadas en ese salón de clase. Mi profesora me preguntó qué significaba aquella sigla y respondí "Fuerzas armadas de Colombia", ella me miró avergonzada por lo que su estudiante había hecho quizás, o de pronto sintió pena ajena, o vio mi expresión facial y se sintió culpable. 

Yo me llené de indignación pero mucho más de tristeza; con cara de decepción y ojos de rabia, miré a ese mi compañero en frente del computador, sentí adrenalina corriendo por mi cuerpo y sentí mi rostro caliente, entonces antes de que siquiera pudiera pensar lo que le diría, de mis labios salieron un juego de palabras con un tono de voz que ni yo misma pude reconocer: "no deberías burlarte de una situación que no conoces y de la que al parecer eres ignorante, y mucho menos si es un tema delicado y que le duele a un país entero"; su sonrisa de burla se desdibujó de su cara y el curso entero hizo esa bulla de tensión mientras él cerraba la ventana.
Uno de mis compañeros de exposición que parecía estar un poco más informado de la situación que aquel ignorante que se burlaba de la sangre que han derramado tantos colombianos, que se burlaba del conflicto, de la guerra, de la tristeza y de las pérdidas de un país entero, quiso disminuir el estrés y dijo "se han convertido en un partido político fuerte" y dije "no, no son un partido político"- quizás siendo un poco ingenua y queriendo ser optimista- "tienen poder político que es diferente". 

Entonces me di cuenta cuánto me duele mi país, cuánto me duele su situación y la ignorancia por la que muchos hemos atravesado. Ver en esas imágenes personas uniformadas y armadas, niños con armas de fuego tan grandes en sus manos tan pequeñas, personas encapuchadas, fuego, lugares y personas destruidas junto con la bandera de Colombia a un lado, o ella misma con un sello de Farc, ver todo eso me llenó de frustración porque yo sé que Colombia es mucho más que eso, que mi país es más que desacuerdos, más que guerra. Colombia es más paz, es más gente con calor humano, es más alegría, es más personas que le sacan lo bueno a lo malo, que regalan sonrisas siempre y que aman a su país. Es más que la corrupción, es más que quejarnos de dónde vivimos, de la situación económica, de las políticas, del gobierno y sus dirigentes. Colombia es más de naturaleza, de ríos, de mares, de ciudades hermosas, de gente que lucha por lo que ama, de gente honesta, honrada y trabajadora. Es más que esos pesimistas que nos quejamos porque en el fondo nos importa y nos duele el país en el que nacimos, aunque a veces nos haga falta la valentía de levantarnos y de hacer algo por ello, de actuar, aún comenzando por el hecho tan simple de tomar un lapicero y marcar una X un tarjetón, con un voto consciente por el mejor postor, aún cuándo ninguno termine de convencer. Es mejor un voto consciente que un voto impune, es mejor "mejor esto que nada" a un "igual el país se va a ir a la mierda", mejor un voto responsable marcado que un voto en blanco, mejor aportar un granito de arena a una decisión consciente y transparente que a quedarse sentado en la casa a esperar a ver que pasa y por supuesto, seguir quejándose. 
Uno cuándo está lejos es definitivamente cuándo más valora su país, es cuándo más lleva con orgullo la nacionalidad y cuándo le toca vivir situaciones en las que se encuentra a uno mismo defendiéndola. Es cuándo más quiere su casa. Qué mal que toque irse para sentirse así, y qué bueno que eso sirva para querer mucho más aún la tierra que siempre nos recibirá con los brazos abiertos.

martes, 13 de mayo de 2014

Carta a mi mamá.

Cuando te hacía dibujos o te escribía y verlos al ir a tu oficina como si fueran una obra de arte valiosa en exposición, allí en ese momento, quise seguir dibujándote y escribiéndote.

Cuando llegabas cansada del trabajo para jugar conmigo a las barbies, supe que siempre serías la mejor y la más incondicional amiga que podría tener.

Cuando sin que te dieras cuenta, todas las veces que te vi llorar de felicidad y de orgullo en mis más grandes momentos, me hiciste prometerme a mi misma que siempre procuraría ser tu orgullo y nunca te decepcionaría.

Cuando me exigías notas en el colegio que yo creía difíciles de alcanzar, me enseñaste a exigirme a mi misma y a darme cuenta que cualquier cosa que me propusiera sería capaz de lograrlo.

Cuando me faltó fe por mi misma y te vi apoyándome y alentándome, me diste fuerza para nunca más perderla, me enseñaste a creer en mi misma.

Cuando te veía siempre orar sin que te dieras cuenta, me enseñaste que existe un Dios con el que siempre puedo hablar.

Cuando me despertaste tantas veces de las forma más tierna y con el desayuno en la cama, me hacías sentir una princesa y me hiciste sentir la niña más afortunada por tener a la mamá más dulce, complaciente, amorosa, valiente y fuerte que alguien puede tener.

Cuando sin darte cuenta vi salir lágrimas de tus ojos, me enseñaste a que está bien sentir tristeza y que llorar no es un símbolo de debilidad, porque luego sin que supieras que estaba atenta a lo que hacías, te vi levantarte con la frente en alto dispuesta a seguir andando, y más tarde cuando seguiste sonriendo, me enseñaste que no hay motivo para dejar de hacerlo, y en ese momento quise sonreír igual que tu y quise verme tan linda como mi madre sonriendo.

Cuando pasamos velitas y parte de la noche vieja las dos solas, me di cuenta que tu eres todo y lo único que tengo, todo y lo único que siempre necesitaré.

Cuando sin darte cuenta que lo notaba, ayudabas a personas que lo necesitaban sin pedir nada a cambio, me enseñaste a dar y a ser generosa.

Cuando saludabas y sonreías a los vecinos y a gente que no conocías, me enseñaste a ser humilde y a pensar que es un acto lindo regalar sonrisas.

Cuando te vi trabajando tanto, trasnochando y madrugando, me enseñaste que es preciso hacer grandes esfuerzos y sacrificios para alcanzar lo que se quiere en la vida.

Cuando me llamabas a mi, a mi abuelita y al resto de la familia para preguntar como estábamos constantemente, me enseñaste a importarme sobre las personas que quiero y demostrarlo.

Cuando te vi desmoronada y vi que lo único que podía seguir dándote fuerzas era yo, me diste la oportunidad de demostrarte todo lo que había aprendido de ti, a ser fuerte, a apoyar a la mamá.

Cuando me mostraste que hay cosas que sólo una madre puede hacer por sus hijos, supe que tenía que valorarte, que demostrarte todos los días de mi vida mi amor por ti, que te debo respeto porque te lo mereces, eres respetable, eres una mujer y madre para admirar, eres grande a ti solamente a ti mamá te debo todo lo que soy, cada cosa que vivo, porque me regalaste la vida y no suficiente con eso, has hecho de mi la mujer que soy ahora y me siento orgullosa de tenerte como mamá, porque Dios definitivamente no me pudo haber dado una mejor y no te cambiaría por nada del mundo!! Te amo y te amo con todas las fuerzas de mi corazón, por que CUANDO actuabas sin saber que yo te veía, me enseñabas con tu ejemplo y APRENDI de ti, GRACIAS