martes, 13 de mayo de 2014

Carta a mi mamá.

Cuando te hacía dibujos o te escribía y verlos al ir a tu oficina como si fueran una obra de arte valiosa en exposición, allí en ese momento, quise seguir dibujándote y escribiéndote.

Cuando llegabas cansada del trabajo para jugar conmigo a las barbies, supe que siempre serías la mejor y la más incondicional amiga que podría tener.

Cuando sin que te dieras cuenta, todas las veces que te vi llorar de felicidad y de orgullo en mis más grandes momentos, me hiciste prometerme a mi misma que siempre procuraría ser tu orgullo y nunca te decepcionaría.

Cuando me exigías notas en el colegio que yo creía difíciles de alcanzar, me enseñaste a exigirme a mi misma y a darme cuenta que cualquier cosa que me propusiera sería capaz de lograrlo.

Cuando me faltó fe por mi misma y te vi apoyándome y alentándome, me diste fuerza para nunca más perderla, me enseñaste a creer en mi misma.

Cuando te veía siempre orar sin que te dieras cuenta, me enseñaste que existe un Dios con el que siempre puedo hablar.

Cuando me despertaste tantas veces de las forma más tierna y con el desayuno en la cama, me hacías sentir una princesa y me hiciste sentir la niña más afortunada por tener a la mamá más dulce, complaciente, amorosa, valiente y fuerte que alguien puede tener.

Cuando sin darte cuenta vi salir lágrimas de tus ojos, me enseñaste a que está bien sentir tristeza y que llorar no es un símbolo de debilidad, porque luego sin que supieras que estaba atenta a lo que hacías, te vi levantarte con la frente en alto dispuesta a seguir andando, y más tarde cuando seguiste sonriendo, me enseñaste que no hay motivo para dejar de hacerlo, y en ese momento quise sonreír igual que tu y quise verme tan linda como mi madre sonriendo.

Cuando pasamos velitas y parte de la noche vieja las dos solas, me di cuenta que tu eres todo y lo único que tengo, todo y lo único que siempre necesitaré.

Cuando sin darte cuenta que lo notaba, ayudabas a personas que lo necesitaban sin pedir nada a cambio, me enseñaste a dar y a ser generosa.

Cuando saludabas y sonreías a los vecinos y a gente que no conocías, me enseñaste a ser humilde y a pensar que es un acto lindo regalar sonrisas.

Cuando te vi trabajando tanto, trasnochando y madrugando, me enseñaste que es preciso hacer grandes esfuerzos y sacrificios para alcanzar lo que se quiere en la vida.

Cuando me llamabas a mi, a mi abuelita y al resto de la familia para preguntar como estábamos constantemente, me enseñaste a importarme sobre las personas que quiero y demostrarlo.

Cuando te vi desmoronada y vi que lo único que podía seguir dándote fuerzas era yo, me diste la oportunidad de demostrarte todo lo que había aprendido de ti, a ser fuerte, a apoyar a la mamá.

Cuando me mostraste que hay cosas que sólo una madre puede hacer por sus hijos, supe que tenía que valorarte, que demostrarte todos los días de mi vida mi amor por ti, que te debo respeto porque te lo mereces, eres respetable, eres una mujer y madre para admirar, eres grande a ti solamente a ti mamá te debo todo lo que soy, cada cosa que vivo, porque me regalaste la vida y no suficiente con eso, has hecho de mi la mujer que soy ahora y me siento orgullosa de tenerte como mamá, porque Dios definitivamente no me pudo haber dado una mejor y no te cambiaría por nada del mundo!! Te amo y te amo con todas las fuerzas de mi corazón, por que CUANDO actuabas sin saber que yo te veía, me enseñabas con tu ejemplo y APRENDI de ti, GRACIAS


















No hay comentarios:

Publicar un comentario