lunes, 22 de diciembre de 2014

Sorpresas.



Entonces él irrumpió en mi vida, nuevamente. Volvió a llegar por décima cuarta vez un domingo soleado y caluroso mientras yo cocinaba la que es una de sus comidas preferidas: pastas a la carbonara. Sin esperarlo, sin quererlo y sin pensarlo, por sorpresa del destino, como siempre.

Sentado en una silla, yo le daba la espalda mientras picaba y preparaba. Podía sentir sus ojos sobre mi, y me hablaba y se callaba, volteaba y entonces me miraba así, sólo como él sabe hacerlo. Con su mirada descarada y pícara; y yo sin dudarlo, volteaba y le sonreía ladeado, así como sólo yo sé hacerlo, juguetona y coqueta. Y le brillaban los ojos, seguía siendo el mismo que me había despedido en el aeropuerto antes de mi viaje, seguía mirándome así y seguía temblando así mismo, como cuando nos vimos después de cinco años este enero, como cuándo nos volvimos a ver aquel verano después de un año y medio sin haber estado juntos, como cuándo éramos niños y me dio mi primer beso, nuestro primer beso. Ése era nuestro tercer encuentro después de un largo tiempo, ocho meses, parecido al segundo, pero ésta vez más natural.

Él acababa de llegar de un viaje de más de 10 horas desde Madrid, fue recibido, llegó a la que por muchos años fue a su casa, se instaló y no esperó un día más, y no aguantó un segundo más sin venir a mi casa a las casi diez de la noche ese mismo día, a buscarme nuevamente después de cinco años.

Yo no lo esperaba, no me lo imaginaba. Estaba empacando para irme de viaje por cinco días con mis amigos, y él llega de nuevo a mi vida, así de esa forma, de sorpresa.

Entonces salí de mi habitación y lo vi de pie en la sala, me sentí paralizada. Cuando me vio sonrió con pena y nervios, yo lo toqué y temblaba, y tenía su piel blanca, más blanca que nunca por el invierno, fría. Mi corazón se aceleró y lo seguía tocando porque no lo podía creer. Nos abrazamos, fue extraño, no sabíamos como actuar, nos miramos y sonreímos tímidamente, entonces nos volvimos a abrazar y esta vez se sintió más real, más cierto, más lindo.

Y hablamos, hablamos hasta las dos de la mañana, a él sin importarle las más de veinticuatro horas que llevaba sin dormir sumándole su viaje largo, y a mi sin importarme que sólo dormiría dos horas. Y nos dijimos todo lo que no nos habíamos dicho en muchos años. Pude ver en esos ojos color miel que siempre me habían encantado, que seguía enamorado de mi, mientras que yo me negaba a aceptar lo que estaba sintiendo dentro de mi; pero estaba feliz, no dejábamos de mirarnos, de sonreír.

Entonces me volvió a besar después de hablar dos, tres o cuatro horas seguidas, y me hacía las mismas bromas pesadas de siempre, y le brillaban los ojos y me decía que me quería, que me había extrañado, que jamás me había olvidado, pero yo estaba fría y congelada, reprimiendo emociones, ocultando sentimientos, guardándolos para mi misma, no quería ser débil nuevamente, no quería demostrárselo el día éste de nuestro segundo encuentro, no era el momento, algo no me dejaba perdonarlo, algo no me dejaba entregarme a él nuevamente, algo me había arrancado de sus brazos, no me sentía de él, no quería que fuera así pero al final, terminé cediendo... (Leer Un mes )

Después de los siete meses sin vernos nos besamos tanto desde que mi viaje a Brazil nos había separado. Luego nos seguimos viendo y contaba las horas para volverlo a besar, en mi mente era un "no pasará nada", "mientras tanto", "vamos a ver que sucede"... Pobre tonta. Lo amaba.

Y en esos días hablábamos de todo, su seguridad de que volveríamos a estar juntos, hoy o mañana,

- No importa lo que pase hoy ni mañana, tu te vas a casar conmigo.

- Iluso - fue siempre mi respuesta.
Ilusa yo por ser terca, por no dejar decidir al corazón y no aceptarlo, porque al final lo que el corazón decide es lo que realmente vale.
Ahora ya no es sorpresa que siempre llegue de sorpresa, porque todos los días me sorprende con sus pequeños detalles, sus atenciones y sus regalos intangibles que para mi son los más importantes, las cenas y los desayunos sorpresas, las notas con los chocolates, irme a buscar de sorpresa al trabajo, esperar que llegue e incluso sus besos, abrazos, ocurrencias, canciones... Ahora no dudo ni un segundo que lo que ha de ser será, por esto y mucho más, no sospecho que nuestros corazones se unieron y así permanecieron por mucho tiempo, nunca hubo un año en el que no habláramos, nunca pasaron más de seis meses sin que nos dijéramos te amo, él siempre estuvo en mi, y al parecer, esa llama siempre permaneció encendida en silencio esperando a que el tiempo pasara, a que volviéramos a encontrar el camino de vuelta a casa, juntos donde correspondemos, llenos y envueltos en nuestro amor, porque aunque muchas veces pensamos que lo habíamos olvidado, en realidad siempre lo llevábamos marcado.

Y hoy puedo decir que se cumplió lo que él tanto me repetía y yo me negaba a aceptar, lo que tanto me prometía y por lo que tanto luchó... "Yo te voy a hacer feliz", "Déjame que te haga feliz", "Tu y yo seremos felices juntos", y si, hoy soy feliz, somos felices, y ruego al cielo porque esto nunca acabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario