Existen buenos besos, hay besos con técnica perfecta, hay besos vacíos, hay besos borrachos y besos pésimos; besos feos imposibles de disfrutar, besos normales, besos promedios, besos con rabia, besos llenos de alegría, besos que se bañan en lágrimas o con el agua del mar; besos a la luz de la luna o en plena luz del sol, besos a escondidas o muy públicos, besos con lengua y besos sin ella, besos franceses y besos con barba, besos de varios colores, besos que te llenan, que te excitan, besos largos, besos cortos y besos robados, besos que no querías dar, besos que te morías de ganas por probar, besos sin sentimiento, besos con cariño y besos con amor, besos secos, mojados y besos con sudor, besos con los ojos y besos con el corazón; hay besos sensibles, besos fuertes y vastos, besos delicados, besos con las manos y los labios, con roces y sin roces, con sabores y que te dejan sinsabores, simples y complicados, besos que te quedan marcados y nunca serán olvidados, existen besos a la distancia, besos en sueños y besos imaginarios, existen besos pasados, presentes y futuros, besos que categorizas, y existen de esos besos que son míos y de él.
domingo, 25 de mayo de 2014
Colombia es más que Farc.
Estaba exponiendo en clase de Sociología un tema económico, y mi profesora me pidió que hablara sobre mi país. Así que con el computador que estaba siendo dirigido por un compañero de la clase, conectado al proyector dentro de la sala, me dirigí a Google Images y mostré Colombia, las playas, Cartagena, San Andrés, la ciudad, Medellín, Bogotá, Barranquilla y su carnaval e incluso hablé un poco de su economía y de mi universidad.
De repente mientras hablaba pude observar una sutil sonrisa de burla en la cara de todos, no sabía que había dicho, seguí hablando un poco insegura, sonreí intentando descifrar que había ocurrido. Pensé que de pronto había pronunciado una palabra mal en portugués, o ellos habían mal entendido alguna frase, o simplemente mi acento de repente les estaba pareciendo gracioso; pero sus miradas se dirigían hacia el tablero, así que volteé e imágenes de las Farc aparecieron reflejadas en ese salón de clase. Mi profesora me preguntó qué significaba aquella sigla y respondí "Fuerzas armadas de Colombia", ella me miró avergonzada por lo que su estudiante había hecho quizás, o de pronto sintió pena ajena, o vio mi expresión facial y se sintió culpable.
Yo me llené de indignación pero mucho más de tristeza; con cara de decepción y ojos de rabia, miré a ese mi compañero en frente del computador, sentí adrenalina corriendo por mi cuerpo y sentí mi rostro caliente, entonces antes de que siquiera pudiera pensar lo que le diría, de mis labios salieron un juego de palabras con un tono de voz que ni yo misma pude reconocer: "no deberías burlarte de una situación que no conoces y de la que al parecer eres ignorante, y mucho menos si es un tema delicado y que le duele a un país entero"; su sonrisa de burla se desdibujó de su cara y el curso entero hizo esa bulla de tensión mientras él cerraba la ventana.
Entonces me di cuenta cuánto me duele mi país, cuánto me duele su situación y la ignorancia por la que muchos hemos atravesado. Ver en esas imágenes personas uniformadas y armadas, niños con armas de fuego tan grandes en sus manos tan pequeñas, personas encapuchadas, fuego, lugares y personas destruidas junto con la bandera de Colombia a un lado, o ella misma con un sello de Farc, ver todo eso me llenó de frustración porque yo sé que Colombia es mucho más que eso, que mi país es más que desacuerdos, más que guerra. Colombia es más paz, es más gente con calor humano, es más alegría, es más personas que le sacan lo bueno a lo malo, que regalan sonrisas siempre y que aman a su país. Es más que la corrupción, es más que quejarnos de dónde vivimos, de la situación económica, de las políticas, del gobierno y sus dirigentes. Colombia es más de naturaleza, de ríos, de mares, de ciudades hermosas, de gente que lucha por lo que ama, de gente honesta, honrada y trabajadora. Es más que esos pesimistas que nos quejamos porque en el fondo nos importa y nos duele el país en el que nacimos, aunque a veces nos haga falta la valentía de levantarnos y de hacer algo por ello, de actuar, aún comenzando por el hecho tan simple de tomar un lapicero y marcar una X un tarjetón, con un voto consciente por el mejor postor, aún cuándo ninguno termine de convencer. Es mejor un voto consciente que un voto impune, es mejor "mejor esto que nada" a un "igual el país se va a ir a la mierda", mejor un voto responsable marcado que un voto en blanco, mejor aportar un granito de arena a una decisión consciente y transparente que a quedarse sentado en la casa a esperar a ver que pasa y por supuesto, seguir quejándose.
Uno cuándo está lejos es definitivamente cuándo más valora su país, es cuándo más lleva con orgullo la nacionalidad y cuándo le toca vivir situaciones en las que se encuentra a uno mismo defendiéndola. Es cuándo más quiere su casa. Qué mal que toque irse para sentirse así, y qué bueno que eso sirva para querer mucho más aún la tierra que siempre nos recibirá con los brazos abiertos.
Yo me llené de indignación pero mucho más de tristeza; con cara de decepción y ojos de rabia, miré a ese mi compañero en frente del computador, sentí adrenalina corriendo por mi cuerpo y sentí mi rostro caliente, entonces antes de que siquiera pudiera pensar lo que le diría, de mis labios salieron un juego de palabras con un tono de voz que ni yo misma pude reconocer: "no deberías burlarte de una situación que no conoces y de la que al parecer eres ignorante, y mucho menos si es un tema delicado y que le duele a un país entero"; su sonrisa de burla se desdibujó de su cara y el curso entero hizo esa bulla de tensión mientras él cerraba la ventana.
Uno de mis compañeros de exposición que parecía estar un poco más informado de la situación que aquel ignorante que se burlaba de la sangre que han derramado tantos colombianos, que se burlaba del conflicto, de la guerra, de la tristeza y de las pérdidas de un país entero, quiso disminuir el estrés y dijo "se han convertido en un partido político fuerte" y dije "no, no son un partido político"- quizás siendo un poco ingenua y queriendo ser optimista- "tienen poder político que es diferente".
Entonces me di cuenta cuánto me duele mi país, cuánto me duele su situación y la ignorancia por la que muchos hemos atravesado. Ver en esas imágenes personas uniformadas y armadas, niños con armas de fuego tan grandes en sus manos tan pequeñas, personas encapuchadas, fuego, lugares y personas destruidas junto con la bandera de Colombia a un lado, o ella misma con un sello de Farc, ver todo eso me llenó de frustración porque yo sé que Colombia es mucho más que eso, que mi país es más que desacuerdos, más que guerra. Colombia es más paz, es más gente con calor humano, es más alegría, es más personas que le sacan lo bueno a lo malo, que regalan sonrisas siempre y que aman a su país. Es más que la corrupción, es más que quejarnos de dónde vivimos, de la situación económica, de las políticas, del gobierno y sus dirigentes. Colombia es más de naturaleza, de ríos, de mares, de ciudades hermosas, de gente que lucha por lo que ama, de gente honesta, honrada y trabajadora. Es más que esos pesimistas que nos quejamos porque en el fondo nos importa y nos duele el país en el que nacimos, aunque a veces nos haga falta la valentía de levantarnos y de hacer algo por ello, de actuar, aún comenzando por el hecho tan simple de tomar un lapicero y marcar una X un tarjetón, con un voto consciente por el mejor postor, aún cuándo ninguno termine de convencer. Es mejor un voto consciente que un voto impune, es mejor "mejor esto que nada" a un "igual el país se va a ir a la mierda", mejor un voto responsable marcado que un voto en blanco, mejor aportar un granito de arena a una decisión consciente y transparente que a quedarse sentado en la casa a esperar a ver que pasa y por supuesto, seguir quejándose.
martes, 13 de mayo de 2014
Carta a mi mamá.
Cuando te hacía dibujos o te escribía y verlos al ir a tu oficina como si fueran una obra de arte valiosa en exposición, allí en ese momento, quise seguir dibujándote y escribiéndote.
Cuando llegabas cansada del trabajo para jugar conmigo a las barbies, supe que siempre serías la mejor y la más incondicional amiga que podría tener.
Cuando sin que te dieras cuenta, todas las veces que te vi llorar de felicidad y de orgullo en mis más grandes momentos, me hiciste prometerme a mi misma que siempre procuraría ser tu orgullo y nunca te decepcionaría.
Cuando me exigías notas en el colegio que yo creía difíciles de alcanzar, me enseñaste a exigirme a mi misma y a darme cuenta que cualquier cosa que me propusiera sería capaz de lograrlo.
Cuando me faltó fe por mi misma y te vi apoyándome y alentándome, me diste fuerza para nunca más perderla, me enseñaste a creer en mi misma.
Cuando te veía siempre orar sin que te dieras cuenta, me enseñaste que existe un Dios con el que siempre puedo hablar.
Cuando me despertaste tantas veces de las forma más tierna y con el desayuno en la cama, me hacías sentir una princesa y me hiciste sentir la niña más afortunada por tener a la mamá más dulce, complaciente, amorosa, valiente y fuerte que alguien puede tener.
Cuando sin darte cuenta vi salir lágrimas de tus ojos, me enseñaste a que está bien sentir tristeza y que llorar no es un símbolo de debilidad, porque luego sin que supieras que estaba atenta a lo que hacías, te vi levantarte con la frente en alto dispuesta a seguir andando, y más tarde cuando seguiste sonriendo, me enseñaste que no hay motivo para dejar de hacerlo, y en ese momento quise sonreír igual que tu y quise verme tan linda como mi madre sonriendo.
Cuando pasamos velitas y parte de la noche vieja las dos solas, me di cuenta que tu eres todo y lo único que tengo, todo y lo único que siempre necesitaré.
Cuando sin darte cuenta que lo notaba, ayudabas a personas que lo necesitaban sin pedir nada a cambio, me enseñaste a dar y a ser generosa.
Cuando saludabas y sonreías a los vecinos y a gente que no conocías, me enseñaste a ser humilde y a pensar que es un acto lindo regalar sonrisas.
Cuando te vi trabajando tanto, trasnochando y madrugando, me enseñaste que es preciso hacer grandes esfuerzos y sacrificios para alcanzar lo que se quiere en la vida.
Cuando me llamabas a mi, a mi abuelita y al resto de la familia para preguntar como estábamos constantemente, me enseñaste a importarme sobre las personas que quiero y demostrarlo.
Cuando te vi desmoronada y vi que lo único que podía seguir dándote fuerzas era yo, me diste la oportunidad de demostrarte todo lo que había aprendido de ti, a ser fuerte, a apoyar a la mamá.
Cuando me mostraste que hay cosas que sólo una madre puede hacer por sus hijos, supe que tenía que valorarte, que demostrarte todos los días de mi vida mi amor por ti, que te debo respeto porque te lo mereces, eres respetable, eres una mujer y madre para admirar, eres grande a ti solamente a ti mamá te debo todo lo que soy, cada cosa que vivo, porque me regalaste la vida y no suficiente con eso, has hecho de mi la mujer que soy ahora y me siento orgullosa de tenerte como mamá, porque Dios definitivamente no me pudo haber dado una mejor y no te cambiaría por nada del mundo!! Te amo y te amo con todas las fuerzas de mi corazón, por que CUANDO actuabas sin saber que yo te veía, me enseñabas con tu ejemplo y APRENDI de ti, GRACIAS
Cuando llegabas cansada del trabajo para jugar conmigo a las barbies, supe que siempre serías la mejor y la más incondicional amiga que podría tener.
Cuando sin que te dieras cuenta, todas las veces que te vi llorar de felicidad y de orgullo en mis más grandes momentos, me hiciste prometerme a mi misma que siempre procuraría ser tu orgullo y nunca te decepcionaría.
Cuando me exigías notas en el colegio que yo creía difíciles de alcanzar, me enseñaste a exigirme a mi misma y a darme cuenta que cualquier cosa que me propusiera sería capaz de lograrlo.
Cuando me faltó fe por mi misma y te vi apoyándome y alentándome, me diste fuerza para nunca más perderla, me enseñaste a creer en mi misma.
Cuando te veía siempre orar sin que te dieras cuenta, me enseñaste que existe un Dios con el que siempre puedo hablar.
Cuando me despertaste tantas veces de las forma más tierna y con el desayuno en la cama, me hacías sentir una princesa y me hiciste sentir la niña más afortunada por tener a la mamá más dulce, complaciente, amorosa, valiente y fuerte que alguien puede tener.
Cuando sin darte cuenta vi salir lágrimas de tus ojos, me enseñaste a que está bien sentir tristeza y que llorar no es un símbolo de debilidad, porque luego sin que supieras que estaba atenta a lo que hacías, te vi levantarte con la frente en alto dispuesta a seguir andando, y más tarde cuando seguiste sonriendo, me enseñaste que no hay motivo para dejar de hacerlo, y en ese momento quise sonreír igual que tu y quise verme tan linda como mi madre sonriendo.
Cuando pasamos velitas y parte de la noche vieja las dos solas, me di cuenta que tu eres todo y lo único que tengo, todo y lo único que siempre necesitaré.
Cuando sin darte cuenta que lo notaba, ayudabas a personas que lo necesitaban sin pedir nada a cambio, me enseñaste a dar y a ser generosa.
Cuando saludabas y sonreías a los vecinos y a gente que no conocías, me enseñaste a ser humilde y a pensar que es un acto lindo regalar sonrisas.
Cuando te vi trabajando tanto, trasnochando y madrugando, me enseñaste que es preciso hacer grandes esfuerzos y sacrificios para alcanzar lo que se quiere en la vida.
Cuando me llamabas a mi, a mi abuelita y al resto de la familia para preguntar como estábamos constantemente, me enseñaste a importarme sobre las personas que quiero y demostrarlo.
Cuando te vi desmoronada y vi que lo único que podía seguir dándote fuerzas era yo, me diste la oportunidad de demostrarte todo lo que había aprendido de ti, a ser fuerte, a apoyar a la mamá.
Cuando me mostraste que hay cosas que sólo una madre puede hacer por sus hijos, supe que tenía que valorarte, que demostrarte todos los días de mi vida mi amor por ti, que te debo respeto porque te lo mereces, eres respetable, eres una mujer y madre para admirar, eres grande a ti solamente a ti mamá te debo todo lo que soy, cada cosa que vivo, porque me regalaste la vida y no suficiente con eso, has hecho de mi la mujer que soy ahora y me siento orgullosa de tenerte como mamá, porque Dios definitivamente no me pudo haber dado una mejor y no te cambiaría por nada del mundo!! Te amo y te amo con todas las fuerzas de mi corazón, por que CUANDO actuabas sin saber que yo te veía, me enseñabas con tu ejemplo y APRENDI de ti, GRACIAS
lunes, 12 de mayo de 2014
Ian y La gran São Paulo.
Era domingo y estaba sentada perdiendo el tiempo en mi computador con ganas de querer conocer más de este país maravilloso, Brasil. Desde hace tiempo tenía en mente conocer la capital del estado en dónde vivo, São Paulo. En la semana que justo comenzaba, tenía dos días seguidos feriados pegados a un fin de semana, es decir cinco días libres. Qué iba a hacer en esos cinco días? No quería quedarme en mi casa, no quería ir a las fiestas a la que todos iban, tampoco quería quedarme en Ribeirão Preto ni sola en mi casa; entonces fue cuándo decidí improvisadamente que iría a conocer esta gran capital y viajaría el miércoles en la noche.
Ese día viajé a una ciudad desconocida esperando ser recibida por alguien que era un desconocido para mi, en el carro de otro desconocido que publicó un chance en un grupo de facebook, un brasileño de descendencia argentina, con quien tuve una buena charla a veces en portugués y a veces en español, él con una mezcla de portugués y de "portuñol argentino".
Después de cuatro horas y medias de viaje, llegué a encontrarme con este amigo de una amiga de mi mejor amiga; la amiga de mi mejor amiga que ya me había recibido en Florianópolis, otra ciudad de ensueños que adoré.
Y ahí estaba yo, en una de las estaciones de metro más grande de la gigante São Paulo, esperando y rogando que este amigo de la amiga de mi mejor amiga apareciera esperándome a mi; yo no tenía forma de comunicarme con él porque no está muy de acuerdo con el uso de celulares y decidió que no necesitaba uno para vivir. Entonces entré, recordé los pasos que me había dado y seguí sus direcciones; bajé las primeras escaleras eléctricas que vi, y lo vi de lejos sosteniendo un cartel con mi nombre en el, con una sonrisa de oreja a oreja, y extendí y alcé mi mano, lo saludé y él me respondió con el mismo gesto, como si me conociera y estuviera feliz de volver a verme después de tanto tiempo, y me sentí bien recibida y alegre, porque nadie me había esperado de tal forma nunca antes.
Cuando llegué al final de la escalera, caminó hacia mi y no contento con un saludo de beso en la mejilla, me recibió con un abrazo caluroso. Caminamos a tomar el metro y no dejaba de hablar; hablaba tan rápido y con ese acento carioca que yo estaba tan impresionada de poder entenderle cada palabra que decía. Después de una buena charla de metro, llegamos a su apartamento y me dijo - siéntete en casa - me dejó acomodarme en su habitación y a los diez minutos recibimos a su hermano quién también llegaba de viaje.
Con un - te voy a cocinar la única cosa que sé cocinar, "brigadeiro"- , nos dirigimos a su cocina y mientras revolvía en el fuego aquella leche condensada con chocolate en una olla por unos veinte minutos, hablábamos de la vida, la de él y la mía, y contábamos historias muertos de la risa como sí nos conociéramos desde hace años. Decidió que veríamos una película que su hermano le había recomendado, "hizo" crispetas y vimos la película más extraña que jamás había visto; (el brigadeiro le quedó perfecto).
Al día siguiente me llevaron él y su hermano a conocer el centro histórico, comercial y de negocios de esta inmensa capital de São Paulo. No pude haber tenido un mejor guía turístico quién en los 3 días que compartimos y caminamos por toda la ciudad, me dio mucho de su historia, me enseñó y me mostró partes que ningún tour turístico habría podido mostrar. Un "nordestino" con acento carioca que vivió en Río de Janeiro hecho "paulistano" por el amor a esta ciudad en la cuál había vivido por más de diez años, una de las personas más interesantes y diferentes que he conocido y de quien aprendí tanto.
Ese mismo día en la tarde fuimos a otra zona de São Paulo a un "buteco", un bar típico de Brasil donde la gente se sienta a conversar, comer "salgados" y beber cerveza como sólo los brasileños saben hacerlo, dejándome conocer a sus amigos más cercanos quienes son como su familia; y llegaron muchos, tenían tiempo sin verse y sin reunirse todos y fue agradable ver como viejos amigos volvían a encontrarse. Entonces conocí a Mariana que es una de las chicas más tiernas que he conocido, una bailarina apasionada por su profesión, estudiante y joven, quién me regaló un "lenzo", un pañuelo hermoso de flores que llevaba tres texturas diferentes, simplemente diciéndome "tómalo, llévatelo como recuerdo de Sao Paulo" porque le dije que me parecía lindo como un cumplido y le pregunté qué dónde lo había comprado, y que al responderme cuánto había pagado por el, no pude evitar sorprenderme exageradamente porque yo ya había pagado el triple por uno negro y simple.
Más tarde esa misma noche, ella y su hermano me dejaron entrar a su casa y ella me cedió su cama para que durmiera allí, porque los hombres querían seguir bebiendo y yo estaba muy cansada del viaje y de haber estado todo el día caminando. Dormí y al día siguiente volvimos a caminar y seguir conociendo más sitios tanto como Ian con dos amigos de él, como por ejemplo el "mercadão" que es el mercado municipal, dónde venden un sandwich de mortadela tan grande que mis ojos no lo podían creer. Con ellos dos más tarde iría a un parque de diversiones, dónde luego tuve el coraje de montarme y repetir varias de las peores y mejores atracciones, y hasta dónde incluso tuve el valor de hacer Zipline sobre un lago maravilloso y por si fuera poco, ver mientras descendía de el, un atardecer hermoso.
La noche anterior de ir al parque de diversiones, me llevó primero al parque más lindo que tiene toda la ciudad, el parque Ibirapuera y luego a la grande Avenida Paulista, allí probé uno de las mejores malteadas de Bob's, una empresa de comidas rápidas brasileñas, una malteada de "Ovomaltine", un polvo de chocolate que es una mezcla perfecta entre lo suave y lo crocante.
Luego caminamos hacia la calle Augusta, una calle que se entrecruza con la Avenida Paulista llena de tiendas, de bares y discotecas, muy famosa en dónde existe la diversidad más grande que he visto en todo Brasil, personas de diferentes estilos, razas, preferencias sexuales, grupos urbanos, etc.
Luego de caminar por lo menos una hora, cansada y con mi tobillo doliendo, siempre chueco medio queriendo ayudar, entramos a un bar "gay friendly" en dónde vi una de las escenas más tiernas que he visto en mi veinte años - la cuál me permitió confirmar una vez más mi pensamiento sobre las personas homofóbicas que es algo a lo que no le encuentro sentido - dos hombres agarrados de manos, abrazándose uno al otro con los ojos cerrados, dándose los besos más tiernos y sosteniéndose uno al otro delicadamente; eso fue algo que además, me hizo entender que si de amor se trata, éste no conoce de razas, edades, sexualidades, estratos económicos ni prejuicios. Entre otras cosas, esa noche probé dos tragos brasileños diferentes, uno que parecía una especie de vino tinto y otro que parecía una combinación de champaña y de vino rosa, ambos una delicia y lo mejor de todo, gratis, porque yo no quería entrar y los chicos me convencieron pagando por mi.
Con Ian esa noche aprendí a bailar sin pena, a despeinarme y a liberarme de mis miedos y del miedo a lo que digan las demás personas; los dos bailamos rock en la pista como locos, él más que yo, yo sólo pude hacerlo por tres minutos.
Fuimos a casa y estaba dispuesta a arreglar el sofá para volver a dormir allí, pero él sabía que al día siguiente me esperaba un día largo y decidió tomar mi lugar, durmió en el sofá por mi y yo en cama a pesar de que me opuse muchas veces y le dije mil veces que no, no me dejó.
Ese día en la mañana antes de ir al parque de diversiones me despedí de Ian con un abrazo tan fuerte que duró - me atrevo a decir - más de un minuto, yo agradeciéndole tanto, por dejarme entrar a su casa, por mostrarme Sao Paulo entera y enseñarme sobre su historia, costumbres y rincones, por dejarme dormir en su sofá y en su cama, por ser tan amable y acogedor conmigo, por recibirme como nunca había sido recibida antes y más aún por nunca haberme pedido nada a cambio, y todavía aún más en ese abrazo le seguía agradeciendo porque pensó que mi presencia lo podría enriquecer a él.
Ese día viajé a una ciudad desconocida esperando ser recibida por alguien que era un desconocido para mi, en el carro de otro desconocido que publicó un chance en un grupo de facebook, un brasileño de descendencia argentina, con quien tuve una buena charla a veces en portugués y a veces en español, él con una mezcla de portugués y de "portuñol argentino".
Después de cuatro horas y medias de viaje, llegué a encontrarme con este amigo de una amiga de mi mejor amiga; la amiga de mi mejor amiga que ya me había recibido en Florianópolis, otra ciudad de ensueños que adoré.
Y ahí estaba yo, en una de las estaciones de metro más grande de la gigante São Paulo, esperando y rogando que este amigo de la amiga de mi mejor amiga apareciera esperándome a mi; yo no tenía forma de comunicarme con él porque no está muy de acuerdo con el uso de celulares y decidió que no necesitaba uno para vivir. Entonces entré, recordé los pasos que me había dado y seguí sus direcciones; bajé las primeras escaleras eléctricas que vi, y lo vi de lejos sosteniendo un cartel con mi nombre en el, con una sonrisa de oreja a oreja, y extendí y alcé mi mano, lo saludé y él me respondió con el mismo gesto, como si me conociera y estuviera feliz de volver a verme después de tanto tiempo, y me sentí bien recibida y alegre, porque nadie me había esperado de tal forma nunca antes.
Cuando llegué al final de la escalera, caminó hacia mi y no contento con un saludo de beso en la mejilla, me recibió con un abrazo caluroso. Caminamos a tomar el metro y no dejaba de hablar; hablaba tan rápido y con ese acento carioca que yo estaba tan impresionada de poder entenderle cada palabra que decía. Después de una buena charla de metro, llegamos a su apartamento y me dijo - siéntete en casa - me dejó acomodarme en su habitación y a los diez minutos recibimos a su hermano quién también llegaba de viaje.
Con un - te voy a cocinar la única cosa que sé cocinar, "brigadeiro"- , nos dirigimos a su cocina y mientras revolvía en el fuego aquella leche condensada con chocolate en una olla por unos veinte minutos, hablábamos de la vida, la de él y la mía, y contábamos historias muertos de la risa como sí nos conociéramos desde hace años. Decidió que veríamos una película que su hermano le había recomendado, "hizo" crispetas y vimos la película más extraña que jamás había visto; (el brigadeiro le quedó perfecto).
Al día siguiente me llevaron él y su hermano a conocer el centro histórico, comercial y de negocios de esta inmensa capital de São Paulo. No pude haber tenido un mejor guía turístico quién en los 3 días que compartimos y caminamos por toda la ciudad, me dio mucho de su historia, me enseñó y me mostró partes que ningún tour turístico habría podido mostrar. Un "nordestino" con acento carioca que vivió en Río de Janeiro hecho "paulistano" por el amor a esta ciudad en la cuál había vivido por más de diez años, una de las personas más interesantes y diferentes que he conocido y de quien aprendí tanto.
Ese mismo día en la tarde fuimos a otra zona de São Paulo a un "buteco", un bar típico de Brasil donde la gente se sienta a conversar, comer "salgados" y beber cerveza como sólo los brasileños saben hacerlo, dejándome conocer a sus amigos más cercanos quienes son como su familia; y llegaron muchos, tenían tiempo sin verse y sin reunirse todos y fue agradable ver como viejos amigos volvían a encontrarse. Entonces conocí a Mariana que es una de las chicas más tiernas que he conocido, una bailarina apasionada por su profesión, estudiante y joven, quién me regaló un "lenzo", un pañuelo hermoso de flores que llevaba tres texturas diferentes, simplemente diciéndome "tómalo, llévatelo como recuerdo de Sao Paulo" porque le dije que me parecía lindo como un cumplido y le pregunté qué dónde lo había comprado, y que al responderme cuánto había pagado por el, no pude evitar sorprenderme exageradamente porque yo ya había pagado el triple por uno negro y simple.
Más tarde esa misma noche, ella y su hermano me dejaron entrar a su casa y ella me cedió su cama para que durmiera allí, porque los hombres querían seguir bebiendo y yo estaba muy cansada del viaje y de haber estado todo el día caminando. Dormí y al día siguiente volvimos a caminar y seguir conociendo más sitios tanto como Ian con dos amigos de él, como por ejemplo el "mercadão" que es el mercado municipal, dónde venden un sandwich de mortadela tan grande que mis ojos no lo podían creer. Con ellos dos más tarde iría a un parque de diversiones, dónde luego tuve el coraje de montarme y repetir varias de las peores y mejores atracciones, y hasta dónde incluso tuve el valor de hacer Zipline sobre un lago maravilloso y por si fuera poco, ver mientras descendía de el, un atardecer hermoso.
La noche anterior de ir al parque de diversiones, me llevó primero al parque más lindo que tiene toda la ciudad, el parque Ibirapuera y luego a la grande Avenida Paulista, allí probé uno de las mejores malteadas de Bob's, una empresa de comidas rápidas brasileñas, una malteada de "Ovomaltine", un polvo de chocolate que es una mezcla perfecta entre lo suave y lo crocante.
Luego caminamos hacia la calle Augusta, una calle que se entrecruza con la Avenida Paulista llena de tiendas, de bares y discotecas, muy famosa en dónde existe la diversidad más grande que he visto en todo Brasil, personas de diferentes estilos, razas, preferencias sexuales, grupos urbanos, etc.
Luego de caminar por lo menos una hora, cansada y con mi tobillo doliendo, siempre chueco medio queriendo ayudar, entramos a un bar "gay friendly" en dónde vi una de las escenas más tiernas que he visto en mi veinte años - la cuál me permitió confirmar una vez más mi pensamiento sobre las personas homofóbicas que es algo a lo que no le encuentro sentido - dos hombres agarrados de manos, abrazándose uno al otro con los ojos cerrados, dándose los besos más tiernos y sosteniéndose uno al otro delicadamente; eso fue algo que además, me hizo entender que si de amor se trata, éste no conoce de razas, edades, sexualidades, estratos económicos ni prejuicios. Entre otras cosas, esa noche probé dos tragos brasileños diferentes, uno que parecía una especie de vino tinto y otro que parecía una combinación de champaña y de vino rosa, ambos una delicia y lo mejor de todo, gratis, porque yo no quería entrar y los chicos me convencieron pagando por mi.
Con Ian esa noche aprendí a bailar sin pena, a despeinarme y a liberarme de mis miedos y del miedo a lo que digan las demás personas; los dos bailamos rock en la pista como locos, él más que yo, yo sólo pude hacerlo por tres minutos.
Fuimos a casa y estaba dispuesta a arreglar el sofá para volver a dormir allí, pero él sabía que al día siguiente me esperaba un día largo y decidió tomar mi lugar, durmió en el sofá por mi y yo en cama a pesar de que me opuse muchas veces y le dije mil veces que no, no me dejó.
Ese día en la mañana antes de ir al parque de diversiones me despedí de Ian con un abrazo tan fuerte que duró - me atrevo a decir - más de un minuto, yo agradeciéndole tanto, por dejarme entrar a su casa, por mostrarme Sao Paulo entera y enseñarme sobre su historia, costumbres y rincones, por dejarme dormir en su sofá y en su cama, por ser tan amable y acogedor conmigo, por recibirme como nunca había sido recibida antes y más aún por nunca haberme pedido nada a cambio, y todavía aún más en ese abrazo le seguía agradeciendo porque pensó que mi presencia lo podría enriquecer a él.
domingo, 11 de mayo de 2014
"Dónde hubo fuego, cenizas quedan"
Quiero exponer mis tres pensamientos principales sobre la frase "Dónde hubo fuego cenizas quedan" y los porqués del no estar de acuerdo con el uso y la interpretación que muchas veces le damos.
1. Todos sabemos que es imposible volver al fuego a partir de las cenizas. Por lo tanto cuando algo se consume, cuando el fuego se consume, la relación se acaba con el, y querer volver a ella y a lo que se tuvo es una pérdida de tiempo simplemente porque ya nada volverá a ser lo mismo.
2. Las cenizas para mi son los recuerdos, las marcas que esa persona o esa relación dejaron en ti, las huellas y las memorias. Por eso mismo uno se equivoca muchas veces al volver de nuevo a ciertas relaciones, por querer volver a vivir eso que nos gustó tanto, eso de lo cual obtuvimos tanta felicidad y tanto placer, sin tener en cuenta el punto número uno.
Pero como yo no soy tan radical y soy un poco optimista-romántica:
3. Dónde hubo fuego puede seguir viva una pequeña llama que siempre será posible volver a reanimar, a reavivar, que puede volver a crecer y a ser un fuego que llegue a consumirnos en su éxtasis, con un poco de esfuerzo y de dedicación para lograr encenderlo de nuevo y no dejarlo apagar. (Ojo que hablo de fuego, no de cenizas).
1. Todos sabemos que es imposible volver al fuego a partir de las cenizas. Por lo tanto cuando algo se consume, cuando el fuego se consume, la relación se acaba con el, y querer volver a ella y a lo que se tuvo es una pérdida de tiempo simplemente porque ya nada volverá a ser lo mismo.
2. Las cenizas para mi son los recuerdos, las marcas que esa persona o esa relación dejaron en ti, las huellas y las memorias. Por eso mismo uno se equivoca muchas veces al volver de nuevo a ciertas relaciones, por querer volver a vivir eso que nos gustó tanto, eso de lo cual obtuvimos tanta felicidad y tanto placer, sin tener en cuenta el punto número uno.
Pero como yo no soy tan radical y soy un poco optimista-romántica:
3. Dónde hubo fuego puede seguir viva una pequeña llama que siempre será posible volver a reanimar, a reavivar, que puede volver a crecer y a ser un fuego que llegue a consumirnos en su éxtasis, con un poco de esfuerzo y de dedicación para lograr encenderlo de nuevo y no dejarlo apagar. (Ojo que hablo de fuego, no de cenizas).
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)














