domingo, 10 de noviembre de 2013

Let it be.

En noches como estas en las que me resulta imposible conciliar el sueño mi mente divaga yendo hacia el lugar de los no sés. No es extraño ni poco particular el hecho de que siempre esté pensando en todas las dudas que me rodean constantemente, desde las más externas hasta las más interiores. Desde qué será de mi vida de aquí a diez años hasta cómo terminara mi semana. Desde qué me llevó a pensar o hacer cierta cosa, hasta el pensar qué pudo haber pasado diferente.

Si hay algo de lo que estoy segura es que no necesito saber el futuro ni mucho menos debo tener la osadía de pretender predecirlo, ni el mío ni el de las personas que me rodean. Porque uno constantemente se esta preguntando por él y se olvida de vivir el presente.

Si hay algo que he aprendido es a dejar ser las cosas, no es como que te vas a sentar en un banco y dejar que te pasen las oportunidades por el rostro como mariposas, sin siquiera intentar agarrarlas; que se pongan en tu hombro como pájaros y tu no hagas el mínimo esfuerzo por atraparlos. Ellas llegan pero una vez dejadas ir es muy poco probable que quizá regresen.
Dejar ser las cosas significa no forzar nada, no ser tan narcisista como para pensar que todo lo puedes controlar; sin embargo la mayoría de tu futuro dependerá de las decisiones que tomes y del esfuerzo que des en el camino, el cual te llevará a alcanzar las metas propuestas.

Pienso en mi vida, en los planes que me había planteado, la frustración que sentí al no verlos realizados y descubrir porqué no habían funcionado. Es así como mantengo la calma e intento no apresurarme, dejar mi obstinación a un lado y dejar de querer que todo suceda ya mismo y de la forma en la que lo quiero. Aprendí que cuando se fuerza algo, no termina ni comienza tan bien, ni hubieras querido o como debió haber sido; por eso  es mejor "Let it be". 

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