Quiero lanzarme por un tobogán aún cuando no sé nadar. Así mismo es el amor de estúpido, sabes que corres el riesgo de ahogarte, pero ahí va uno de atrevido, de osado, de terco, de tonto y ciego por la emoción y por las ganas de seguir sintiendo la adrenalina.
Como esa montaña rusa con la que tiemblas antes de subirte y ahí va uno haciendo de contento. En el fondo sabes que te hará gritar y que experimentarás unas sensaciones inexplicables y únicas, sensaciones que no son de todos los días y que valdrán la pena, pero también sabes que quizás cuando te bajes vomitarás, te enfermarás, sentirás mareo y que toda esa adrenalina en algún momento acabará. Pero eso que experimentaste permanecerá en tu mente y en tu alma, siendo recordado como algo único pero también como algo efímero.

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