viernes, 29 de junio de 2012

Los recuerdos no mueren.

Nos la pasábamos matando minutos antes que los sesenta segundos acabaran, el tiempo pasaba volando y un día nunca era suficiente para todos los besos que queríamos darnos.
No podíamos pasar un día sin vernos y la noche era el momento perfecto para tener una testigo de ese amor, la luna, que también fue nuestra cómplice cuando las ganas de vernos y estar juntos no respetaban ningún horario ni ninguna norma.
Las peleas no faltaban, la que más duró fue esa en la que no nos vimos un día y medio y estaba loca por verle hasta que él venció el orgullo y no pudimos hacer otra cosa que mirarnos y sonreírnos del verbo no peleemos, besemonos. No podía creer ese sentimiento tan intenso y esa necesidad insaciable que tenía de él.
Los días que pasábamos todo el día juntos eran los mejores, me gustaba verle dormir y escuchar su respiración y darle besos inocentes para sentirlo mas mio, me gustaba hacerle sándwiches que la mayoría de veces por despistados se quemaban, me gustaba que me llevara al cine sólo para complacerme y que disfrutara de la película tanto como yo, me gustaba que mientras veíamos la película no me dejara en paz ,  me gustaba verle venir hacia mi casa y que me diera un besito bonito, y cuando se iba sentir ese abrazo inmenso.
Cada idea que se nos ocurría se convertía en realidad instantáneamente, excepto aquellas que eran ideas a futuro. Solíamos hablar del próximo encuentro, y no del encuentro del día siguiente, si no de cuando nos volveríamos a ver después que él partiera de nuevo, y de todo lo que haríamos cuando por fin no hubiera distancia que nos separara.
Ahora han pasado casi 3 largos y eternos años y aún seguimos hablando de ello después de ese inolvidable verano y esos años juntos donde tan solo eramos unos niños y luego fuimos jóvenes. Entonces entendí que el recuerdo y la ilusión siempre quedarán vivos en nuestros corazones.

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