sábado, 30 de agosto de 2014

Del racismo y sus demonios...

Campaña Publicitaria de Dove.


Desde que somos pequeñas hemos sido educados por la publicidad y la televisión desafortunadamente. Nos han enseñado a vivir bajo la sombra de los prototipos sociales y de la moda que la sociedad impone. Hoy quiero contar mi experiencia personal a cerca del racismo, de los rasgos multi-culturales, de los colores de piel y del cabello.
Personalmente, decidí no usar más la plancha hace dos meses y dejar de usarla en mi día a día. Escogí valorar las ondas naturales en mi cabello las cuales en algún tiempo de mi vida llegué a odiar. Mi cabello es liso por naturaleza, delgado con hebras finas. Cuando está largo se me hacen unas ondas suaves y pequeñas, a veces rebeldes, que con el tiempo y después de reflexionar, he aprendido a amar. 

Recuerdo que cuando estaba pequeña y veía mi cabello muy liso me daba rabia. Yo quería tenerlo ondulado porque mi mejor amiga tenía ondas en el de ella, y a finales de los 90 aún estaba de moda la permanente. Era normal ver en televisión las mujeres con ondas bien definidas, y unos crespos hermosos. Para ese entonces yo podría tener unos seis o siete años de edad. 


Recuerdo que siempre pedía que me hicieran trenzas y las amaba porque al final del día cuando me las quitaba, mi cabello quedaba ondulado. Incluso el día de mi primera comunión, duré todo el día anterior y dormí con esos ganchos que ondulan el cabello que antes se usaban mucho, para que al momento de la ceremonia, mi cabello luciera ondulado. Y también recuerdo la rabia y la frustración que sentí cuando al llegar a la iglesia desde mi casa, mis crespos ya estaban deshechos. Lloré y desee mi veces tener cabello ondulado. Odiaba mi cabello liso.

Años más tarde, a los 12 o 13 años, me encontré a mi misma asistiendo vídeos de Avril Lavigne en MTV dónde su cabello lucía tan perfectamente liso y rubio, partido en la mitad y dejándolo caer sobre sus mejillas. Así que como una buena niña tonta y aún ignorante de muchas cosas, dejándose educar por los prototipos de la televisión, me levanté, me puse frente del espejo, partí mi cabello por la mitad, y de nuevo me frustré por no tener el cabello tan perfectamente liso como el de ella, porque de nuevo en mis cabellos se hacían las ondas suaves, evitando que cayera perfectamente recto, como el de Avril; claramente yo no tenía idea de que existía la plancha o de que existían químicos que podían moldear el cabello para adaptarlo a cómo queríamos llevarlo. Y además, para colmo de males, quería ser blanca y rubia, así que odiaba el sol y le huía todo el tiempo. No me gustaba ser trigueña.

Luego llegó la plancha y lo comencé a dañar, hasta que percibí mirando fotos viejas cuán bonito había sido y cuánto lo había odiado sin ninguna razón. Dejé de usar la plancha y dejarla sólo cuándo estar con un peinado perfecto era "esencial", o sea en reuniones sociales.
Entonces comencé a enamorarme de mi cabello mientras veía que una de mis mejores amigas tenía unos crespos tan lindos que decidió alisar, y otra tenía unos crespos tan lindos que decidió cuidar.

Así fui conociendo mujeres en mi vida, crespas, lisas, alisadas, cabellos inmanejables. Veía como ellas iban adaptando su cabello a la moda, rubio, rojo, negro, incluso las mujeres de mi familia. Vi como a una tía muy cercana se le venía el cabello en las manos por usar tantos productos químicos al tiempo, para alisarlo y para pintarlo a la vez. Desde ese día decidí que nunca me pintaría el cabello y así lo he mantenido. Hasta ahora no lo he expuesto a ningún proceso químico. Y si, habrá quienes me llamen anticuada, clásica, exagerada, como quieran, pero estoy cuidando algo que es mío y que valoro. Es que simplemente no entiendo como hay mujeres que prefieren llevar un cabello liso o con otro color en las peores condiciones y maltratado, que definitivamente llevar su cabello natural en condiciones sanas sin maltratarlo. 


Es increíble como las mujeres nos vamos adaptando y nos vamos complicando la vida para seguir patrones comerciales y televisivos, cuándo muchos de estos los que en realidad buscan es aumentar el consumismo, "ser diferentes" convirtiéndonos a todas en seres iguales.


Pero además de esto, me di cuenta de algo, y es que vivo en una sociedad racista. En mi país y en Brasil he visto el racismo y la desigualdad. En las universidades en las que he estudiado menos del 5% de los estudiantes son negros, además de que si no eres de piel blanca puedes sentir los ojos sobre ti y escuchar comentarios racistas y hasta clasificándote. Por otra parte, mi piel no es blanca, es morena o mulata o mestiza, y muchas veces he sido catalogada gracias a ello y comparada con otros amigos colombianos. Pero eso para mi no tiene importancia. Al contrario de cuando era niña ya no quiero ser blanca. Yo me siento orgullosa de mis rasgos indios, de mi descendencia indígena y latina e intento sacarles el máximo provecho. 




He visto espacios en dónde las personas de piel negra son objeto de burla, de desprecio, dónde las personas negras aún son discriminadas, y decidí hacer mi introducción por el cabello porque además de la piel, como no se la pueden pintar (porque dónde se pudiera estoy segura que muchas personas lo harían), el cabello es lo que está más a su disposición para cambiar, porque "el cabello ondulado es de negro", "el cabello rizado y crespo es de raza negra", y "tener el cabello "cucú" o "apretado" es muy feo, entonces si me lo aliso dejaré de ser menos negra y me veré más linda". 

Si supieran que no hay nada más hermoso que una mujer segura de sí misma y que ama cada parte de su ser y de su cuerpo. Si supieran que el cabello ondulado, crespo, rizado, "cucú", "apretado", como le quieran llamar también es hermoso, es exótico y por lo tanto sexy. Que en la diversidad y en la variedad está el placer. Que no importan los prototipos sociales, uno se debe sentir orgulloso de quién es, de su pasado y por supuesto de su raza. Y me parece triste que las niñas sigan creciendo con esa mentalidad, y que desde pequeñas sus mamás decidan por ellas como deben llevar el cabello. Por qué no enseñarlas a amar cada parte de ellas desde pequeñas incluyendo el cabello? Por qué no aceptarnos todas como somos y amarnos? No hay nada más lindo que el Autoestima.






domingo, 24 de agosto de 2014

Alguna vez...?

Alguna vez tu corazón ha latido tan fuerte al lado de esa persona que te da miedo que logre escucharlo?
Alguna vez tus ojos han gritado tantas palabras y tantos sentimientos que te da miedo sostenerle la mirada porque entonces así, podrá leerte el alma y descubrirte?
Alguna vez tus manos frías, sudorosas y temblorosas han sido tan delatoras que quieres esconderlas y parar cualquier reacción química en tu cerebro que esté provocándolo? 
Alguna vez tu corazón ha decidido sobre tu cerebro y has dejado que se arriesgue por ti? 
Alguna vez tu inteligencia se dio por vencida cuándo de amar se trata? 
Alguna vez te has dejado inundar el corazón de tal forma que todos los muros que has construido se derrumban y no hay nada que puedas hacer para controlarlo, y te has sentido vulnerable porque sabes que una vez que eso pasa ya no hay vuelta atrás y no hay nada que puedas hacer para revertirlo, pero a la vez has experimentado tal felicidad imparable porque has descubierto que de nuevo te has vuelto a enamorar?

jueves, 21 de agosto de 2014

El gusto.


- Señorita, estás bien?
- Si..
- Pero estás llorando...
- No te preocupes, son lágrimas de alívio.
- Cómo así lágrimas de alivio? - una novedad para un niño de 9 años.
- Sabes qué pasa? A veces la vida lastima tanto a las personas que nuestro corazón se va apretando, apretando hasta quedar duro como una piedra. Entonces ahí parece que nunca más vamos a poder sentir nada: ni mucha alegría, ni mucha tristeza.
- Y no hay médico para eso?
- No hay
- Y remedio?
- Sólo el tiempo
- Pero el tiempo no se compra
- No, esperamos al tiempo.
- Es por eso que estás llorando? Porque el tiempo se está demorando?
- No, estoy llorando porque el tiempo pasó, la piedra se ablandó y me di cuenta que tenía tanto dolor guardado en mi corazón que necesité de esas lágrimas para echarlo todo hacia afuera.
- Ummm, quieres decir que tu dolor se hizo agua?
- Se hizo lágrima.
- Entonces el dolor es salado?
- Puede ser amargo también
- Creo que no gusto del dolor, sólo gusto de ti.
- Yo tampoco
- Entonces por qué tragaste dolor?
- Sabes cuando tu mamá te dice que tienes que comer ensalada para crecer saludable y te ves obligado a comerla aunque no te guste? Con el dolor es igual. Además del dolor, pasa lo mismo con la rabia, con la tristeza. A nadie le gusta, pero si no los probamos, no crecemos fuertes.
- Entendí. Creo que aún soy muy pequeño para ser fuerte... Quieres un poco de alegría? - dijo, ofreciéndome su chocolate.

Traducción de: http://sobresambasesaudade.blogspot.com/2014/05/o-gosto.html by Carol Soares.

viernes, 15 de agosto de 2014

Not expected.


Recuerdo su mirada de encanto sobre mí mientras sonreía, podía notar como detallaba cada uno de mis rasgos faciales, podía sentir sus ojos sobre mi mientras me distraía, podía percibir que le gustaba mi sonrisa, que a su lado, era producto de sus chistes, de su sarcasmo o de sus comentarios graciosos, y de esas mismas miradas intimidantes que me daba. Y si, me encantaban, debo confesar que lo disfrutaba, así que sólo podía seguir mirándolo a los ojos y sonriendo, detallando los colores rubios y rojos de su barba, intentado ver entre las betas verdes y algo azules de sus ojos y de seguir esas líneas con los míos, mientras seguíamos envolviéndonos en un ambiente de coqueteo que parecía nunca acabar. 

Recuerdo haber estado yendo en su dirección mientras subía las escaleras eléctricas, él observándome desde arriba sonriéndome, y era como si su rostro estuviera iluminado y sus ojos brillando, y no me perdía de vista.  Entonces me empiné, un saludo, un abrazo y una pregunta tan simple como, "ya cenaste?" en un inglés exótico y extraño; siempre interesado y protector, paciente sólo como él, y sin dudarlo, el hombre más caballeroso que he conocido en mi vida. Y me prestaba su abrigo y sus guantes y me abrazaba dándome calor, y me contaba sus historias, y aunque aún yo no tenía muchas, notaba que le gustaba oír las mías o las locuras que le contaba muerta de la risa. Y yo, yo adoraba su mezcla desorbitante entre lo tierno y lo serio, inteligente y sabio, y lo mejor, no hacía el mínimo esfuerzo para demostrarlo, le salía natural, al igual que sus locuras. Supo encantarme. Y en un intento de bailar música latina, pidiéndome que le enseñara e intentando remedarme o seguirme el paso, no se esforzaba en esconder que quería acercarse a mi.  Y una promesa de visitar mi país y de recibirme en el suyo. Algo raro, nada esperado, algo lindo.

lunes, 11 de agosto de 2014

Y entonces me encantaría volver allí...



La vista de la catedral desde la ventana de mi habitación.
Me encantaría levantarme, abrir mi ventana, ver los colores del amanecer pintados en el cielo, respirar el mismo aire y volver a ver la catedral tan cerca de mi. Decirle buenos días a las niñas que vivían conmigo, hacernos el desayuno juntas, tomarme un café brasileño, saludar a mi vecina que siempre me decía: "Muy buenos días mi linda", saludar y sonreírle a mi portero "Buenos días Paulo", y que me conteste "Buenos días, bendiciones para este día", ir escuchando música hacia mi parada de bus y ahí esperar hasta subirme. Ver a los mismos tres conductores de siempre, y a ese moreno que siempre me recibía con una gigante sonrisa. Bajarme y caminar entre hojas caídas color otoño en ese pequeño y corto camino en el que al comienzo sólo cabe una sola persona y sentarme a observar mi alrededor en la banca en la que siempre quise sentarme y que nunca lo hice por miedo a parecer lunática. 


Facultad de Administración y economía,
Universidade de São Paulo.

Llegar a la cafetería de mi facultad "el convivio" y ahí esperar por veinte minutos mientras llega mi hora de ir a clase, conversando o tomándome otro café, escuchando música o mirando lejos, porque mirar lejos en mi universidad nunca fue un problema debido a tanta naturaleza. 


Me encantaría volver a ese centro comercial del centro y comerme un último açaí o sentir el olor de las crispetas y de ropa nueva al entrar. Ser atendida por la misma persona en esa heladería de la esquina con el mejor y más famoso helado de la ciudad. 

Ir a mi clase, escuchar los profesores hablar, que explicaran expresiones muy brasileñas porque sabían que en su aula habíamos extranjeros. Terminar las clases e ir a almorzar al "bandeijão", hacer esa fila inmensa y buscar "carona" (chance) para devolvernos a la facultad. Molestar y reírme con los chistes de un paisa intentando hablarme costeño. Me encantaría volver a compartir las clases con mis amigos colombianos y brasileños, reírnos de todo, molestar con mi amigo finlandés en clases de economía brasileña sin prestar atención. Volver a nadar en esa piscina olímpica, más que para hacer ejercicio, para distraerme; y broncearme sin quererlo, y ver como se burlaba de mi aquel rubio de ojos azules que me enseñaba a nadar porque me decía que era muy acelerada por mi miedo al agua. O correr en aquella pista atlética en dónde siempre me acompañaba un búho en el mismo lugar, en la misma milla, en la misma parte de la pista. Y luego caminar el camino de siempre lleno de piedras portuguesas y rodeado de tantos árboles hacia mi parada de bus o hacía mi salón de clase, tarareando las canciones que escuchaba y que ahora tanto me recuerdan a mis días en el "Brasil do meu amor".


Me encantaría volver a ir a esas fiestas que sólo Brasil, Ribeirão Preto, y la USP saben ofrecer con el incesante y escandaloso Funk [fonki] y el Sartanejo, que para mi nunca fue más que un Vallenato extraño.

Me encantaría retroceder el tiempo y volver atrás unos meses cuando estaba en un mundo diferente al que crecí. Me encantaría volver a mirar y a fotografiar cada rincón con mi memoria. Volver a ver todo una vez más. Sentir el olor de los edificios, de mi casa, el olor de mi universidad, volver a robar café del mismo lugar, pasar por la misma tienda de paletas de siempre antes de ir a hacer mercado a Carrefour y saludar a la misma señora que atendía, quién tantas veces me ayudó a encontrar el camino cuando me perdía por despistada o por tener mala memoria. 
Y entonces retroceder el tiempo en el taxi que me llevaba al aeropuerto mientras mis lágrimas rodaban por mis mejillas, bajarme corriendo y decirle a mi mama, "no me voy, me quedo"y volver a pasearme por el centro de la ciudad y escuchar la música brasileña en las calles. 


Brasilia, DF.
Amaría poder devolverme a ese instante en el que iba conversando de la vida con mi amiga Carol, una brasiliense enamorada de Brasil y su capital, creyente de los astros, independiente, feminista y liberal, justo como un día yo quiero ser. O cuando me embarqué en el carro de un desconocido directo a la ciudad más grande de Latinoamérica sin conocer a nadie allí, y me encantaría volver a ver a Ian con ese letrero con mi nombre en él, esperándome en una estación de metro de la gigante São Paulo. O volver al bus que me llevaba a la isla de Florianópolis y retroceder el tiempo al momento en el que hacía SandBoard. O volar hacia la van que nos dirigía a nueve colombianos, dos suizos, un francés a Rio de Janeiro para los carnavales, y verme de nuevo riéndome sin poder respirar por cada chiste o cada remedo tonto de baile que mis amigos de viaje hacían en el Sambódromo. O retroceder al momento en el que me perdí en Foz do Iguaçu regresando de Misiones, Argentina después de un día perfecto y después de haberme bañado bajo las cataratas de Iguazu, una ciudad totalmente desconocida para mi a las nueve de la noche, en una parada de bus oscura y rodeada sólo de un vasto monte, en dónde sólo se veía una carretera, todo eso sólo para volver a sentir la esperanza y el agradecimiento con Dios cuando un bus me recogió y me dejó en la parada correcta, y aún sin saber hacia dónde dirigirme para encontrar la casa en la que me estaba quedando, ver a Ana, la chica que me recibió en aquella ciudad, esperándome allí, esa esperanza de volver a sentirme tranquila y segura, ese agradecimiento por sentir ángeles cuidándome todo el tiempo. 

La torre de TV de Brasilia totalmente llena de Colombianos.

Y por supuesto me gustaría volver a sentir la emoción del mundial, ver nuevamente como la selección de mi país le ganaba dos a uno a Costa de Marfil en la capital de Brasil, y mejor aún, ver a todo un pueblo vestido de amarillo en la torre central de Brasilia, todos unidos gritando "Colombiaaa" y celebrando esa ilusión, esa victoria. Y caminar por las calles de la que solía ser mi ciudad orgullosa de llevar puesta mi camisa de Colombia, y que todos por la calle me dijeran  "felicitaciones", "3-1" , "woo", el día de nuestro debut en la copa del mundo. 

Volver a compartir un vino con mis amigos más cercanos, volver a reunirnos en cualquier casa para hacer comida casera entre todos de cena o de almuerzo antes de alguna fiesta, hacer un 'pre' con vodka o cerveza de las buenas para ir a las fiestas a seguir bebiendo más vodka, cerveza o cachaça de las peores. Reunirnos los domingos o cualquier día para ir cine, quedarnos en las casas de todos porque era más fácil y divertido quedarse a dormir que devolverse a la casa de cada uno. Tirar en mi casa los seis colchones que habían y acomodarnos como pudiéramos. Ir a la casa de Maria Alejandra y que Mariana, una brasileña que sólo sabía hablar español cantando, me diera dolor de barriga de tanto reírme mientras bailaba y gritaba las coreografías y las canciones de RBD, o mientras me mostraba sus muchos vídeos publicados en Youtube. Remedar a las brasileñas bailando y burlarnos, además intentar bailar samba y fallar en el intento. 


Y por último, lo que definitivamente más me encantaría, lo que más amaría hacer es poder meter en un frasquito a mis personas especiales para abrazarlas cada mañana y no extrañarlas. Y por supuesto, además, amaría poder guardar cada segundo en mi memoria y nunca jamás olvidarme de ningún detalle y volver a Brasil, el país que me enamoró.