martes, 8 de diciembre de 2015

Me enseñaste

Me enseñaste a querer los gatos, a que lucieran tiernos y graciosos para mi,
Me enseñaste que lo lindo de la vida está en lo simple, en los viajes que hicimos juntos, en despertarnos uno al lado del otro y sentirnos, yo mío, tú tuya.
Me enseñaste a cocinar con lo diario, juntos y a pelear haciéndolo también.
Me enseñaste a valorar lo poco, a reírme de todo y a reírme de ti y contigo.
Me enseñaste que familia también es alguien que no lleva tu sangre, familia es alguien con quien compartes amor y palabras.
Me enseñaste a querer las canciones de un cantante a quien no conocía, a entender el fútbol, a persignarme antes de dormir, a tener paciencia, a saber esperar, a celebrar fechas importantes que se comparten con alguien más.
Me enseñaste a quedarme un fin de semana por la noche viendo películas, arrunchados y comiendo mekatos o crispetas. Me enseñaste que un Chocmelos de mickey y una nota puede mantenerme feliz todo el día.
Me enseñaste cómo se siente que te despierten con el desayuno en la cama, cómo se siente encontrar un mensaje de amor cuando menos lo esperas, qué se siente que te dediquen canciones, qué es compartir lo de cada uno y hacerlo de ambos, nuestro.
Me enseñaste a confiar de nuevo, a confiar en mi, a creer.
Me hiciste sentir única y especial, me quisiste en mi cotidianidad, en la rutina, cuando estaba cansada y sin maquillaje, recién levantada y alegre intensa también. Me enseñaste cómo se siente bailar con la persona que amas, cómo es bailar una canción que es de los dos. Nunca me criticaste las pocas veces que comía a tu par, o cuando no quería tomar. Siempre me hiciste ver lo bueno y malo de mi, esperando que fuera una mejor versión.
Te di todo de mi y lo fuiste todo para mi. Me enseñaste a recibir sin pedir nada a cambio, a dar desinteresadamente, pero también a dar con límites.
Me enseñaste a hacer el amor con amor y pasión, a disfrutarlo y a sentirte en cada poro, en cada movimiento y en cada beso. También a lo que sabe un abrazo reconfortante después de un momento difícil, después de un día largo, me enseñaste qué es sentirse apoyada y respaldada, qué se siente que alguien te tome de la mano mientras caminas desfallecida y a punto de caer, me enseñaste qué es que alguien esté siempre ahí para levantarte.
Me enseñaste a reírme de mi, me ayudaste en el proceso de aceptarme a mi misma, a entender que se siente que te regalen flores, que es que te den todo lo que alguien tiene. A ese sentimiento bonito que te causa pasar tu cumpleaños junto a esa persona especial, al igual que diciembre.
Me enseñaste a conocer el sentimiento de que alguien te espere a la salida del trabajo, a compartir una cena romántica juntos, a tomarse una botella de vino en compañía de buena música y con una buena charla.
Pero también me enseñaste a odiar y a amar al tiempo, a saber que el amor duele, me enseñaste a luchar por lo que se quiere, intentándolo mil veces, pero también me enseñaste que una batalla perdida hace parte de la vida, que no siempre pasan las cosas como las queremos, que el amor en sí sólo no es suficiente, que la flor que no se riega se marchita, que hace falta la voluntad de dos para lograr un cambio y que todo lo que comienza, acaba.

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